Luis Ricardo Arévalo Arias
La muerte del Papa Juan Pablo II es una gran pérdida para la humanidad, pero también es una prueba para fortalecer más aún nuestra fe cristiana y despojarnos de la mundanidad.
El próximo Papa tiene que continuar la labor de Karol Wojtyla. Hay expectativas de que podría ser un latinoamericano. Como candidatos más fuertes están los cardenales de México y de Honduras.
Esto no puede ser una lucha, es más bien esperar que sea electo sin cabildear nada, porque el cabildeo desalienta el sentido religioso que es la espiritualidad. Que sea el más angelical. Eso es lo que se busca, pero si ya hay ambiciones de poder se atenta contra la moral. Dios es el único que debe prevalecer.