Chepeleón Argüello
El pueblo honrado y trabajador ha sido más de una vez testigo y garante de la mística que acompaña al comportamiento estoico del secretario y subsecretario de por vida del FSLN. Debutaron como marxistas y por último, cuando las ideas políticas que los llevaron al poder no eran rentables, aparecen estrenando la nueva cara de latifundistas y oligarcas.
Ahora con el descaro más inaudito, dicen ser herederos de Juan Pablo II. No les bastó confiscar para deshonrar la gesta del General Sandino, no les sació la sangre de los miles de jovencitos, asesinados en las montañas o los miles de torturados para defender el poder económico que hoy disfrutan descaradamente.
Ahora, pretenden enlodar la trayectoria de un hombre de bien, que no necesitó un ejército para liberar a su Polonia, y en una plaza en Nicaragua, pudo más que las turbas divinas sandinistas. ¿Con qué peso moral se atreven a insinuar tal disparate? Por favor, señores, es verdad que controlan los poderes Judicial y Electoral en Nicaragua, que más que millonarios, son multimillonarios, pero ni los primeros ni los últimos pueden darle baños de la dignidad que se necesita para caminar un poco por la senda que caminó Juan Pablo II.
Fremont, California.