Rosita Morales Peralta
Es una vergüenza cómo Arnoldo Alemán, Tomás Borge y Daniel Ortega se aferran a las propiedades que ellos mismos saben obtuvieron de manera arbitraria. En una entrevista que le hicieron a Tomás Borge, este dijo que él no es “rico que vive con modestia” que sólo poseía una casa y un hotelito. Lo que en ninguna parte de la entrevista quiso responder es de dónde había sacado el dinero para comprar dichas propiedades, una de las cuales estaba vendiendo por más de 700 mil dólares.
Lo mismo ha hecho por años Daniel Ortega y ahora Arnoldo Alemán. Entraron sin un centavo y salieron siendo de los más ricos de Latinoamérica. Está vendiendo sus propiedades reporta LA PRENSA, y me digo, pues claro, cómo no las va a vender si sabe cómo las adquirió y en cualquier momento la ley se puede voltear contra él y quitárselas.
Los tres ellos saben lo que han hecho, es más, sabían la mina de oro que significaba ser presidente. Alemán creyó que como a ninguno de los Ortega, ni a Tomás Borge y demás secuaces les hicieron nada por la piñata sandinista, él también saldría absuelto de saquear a la empobrecida Nicaragua.
Lo malo está en que ellos siguen teniendo a nuestra Patria secuestrada y así será difícil hacerlos que devuelvan lo ajeno. Por eso ahora prefiere vender, así se aseguran de sacar el dinero fuera del país y no a Estados Unidos donde también lo buscan, sino a países donde su dinerito esté asegurado. A mí todavía me duele el alma pensar en los millones de dólares que Alemán y su esposa compraron en joyas y artículos para su hogar de mucho valor, cuando en ese mismo tiempo, cientos de familias morían de hambre en un parque de Matagalpa.
Sólo me queda el consuelo de que creo en Dios, en un Dios que algún día, “les pasará la cuenta” porque de este mundo nadie se va sin pagarla. De ellos no espero nada ya que son incapaces de arrepentirse y mucho menos de sentirse culpables, pues son gente sin conciencia.
Las Vegas, Nevada.