- Su familia era tan pobre, que casi pierde su ingreso al Seminario por falta de una “mudada”
José Adán Silva
Su casa, es la de su madre. De hecho, es la casa familiar donde él tiene un cuarto cuidadosamente arreglado por su progenitora, doña Lilliam Solórzano de Brenes. Es una vivienda sencilla del barrio Altagracia, de dos plantas y sin lujos, con un pequeño corredor a la antigua donde yacen sillas mecedoras y adornos.
Ahí está doña Lilliam, nerviosa y feliz, hablando del primero de sus cuatro hijos: Leopoldo José Brenes Solórzano, el nuevo Arzobispo de la Arquidiócesis de Managua.
Antes que él viniera al mundo del vientre de doña Lilliam, cinco hermanos suyos habían muerto en el intento. “Le pedí el milagro a Jesús del Rescate y nació Leopoldo, y después mis otros tres hijos. Antes de él yo ya no tenía esperanzas de concebir”, cuenta la señora.
El parto y la crianza del muchacho fueron normales. “Mi niño era sencillo. Nunca fue enfermoso y prefería estar en la finca. No era gavilloso, salía a jugar frente a la casa, pero él solito se apartaba de las gavillas y buscaba cómo hacer mandados en la Iglesia”, cuenta ella.
POBRE CON VOCACIÓN
Dar con la Iglesia no era problema para el pequeño Leopoldo. Nació en una humilde casa de taquezal y madera al costado sur de la Parroquia de Ticuantepe, un 7 de marzo de 1949. Una calle lo separaba de lo que sería su destino: la religión. De esa cercanía, cree su madre, le vino la vocación.
“Fue la cercanía con la Iglesia, nosotros sólo lo llevábamos a la misa los domingos y después él jugaba a ser sacerdote y decía que cuando fuera grande sería padre. Cuando dio su primera comunión, a los siete años, ya se metía como monaguillo”, cuenta ella.
Tuvo que esperar la familia a que el niño tuviera 13 años y estudiara el tercer año de la secundaria en el Instituto Ramírez Goyena, para que lo vieran entrar de lleno al servicio religioso.
HOMBRE DE RECONCILIACIÓN
Su familia buscó ayuda en el seminario, pero los requisitos eran muy costosos para una familia pobre. “Nos pedían media docena de toallas, media de sábanas, dos pares de zapatos, varias mudadas…, nosotros nos disculpamos y dijimos que no podíamos costearle eso, pero el padre rector nos dijo que por falta de dinero no perdería un joven su vocación”, recuerda doña Lilliam. Así fue que Leopoldo Brenes inició su servicio religioso.
El nuevo arzobispo de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, ha sido decisivo en la pacificación de la zona rural de Matagalpa, un departamento que por más de diez años fue escenario de los más cruentos combates de la guerra civil de los años ochenta.
Después de la derrota electoral de los sandinistas en 1990, y con la desmovilización de la Contra, se crearon violentos conflictos en las zonas rurales de Matagalpa, que sólo en la mayoría de los casos se resolvieron con la mediación de Brenes para evitar derrame de sangre. “A mi hijo no le gusta la política y siempre tiene palabras de reconciliación”, dice Lilliam Solórzano de Brenes, madre del religioso.
El nuevo arzobispo también dio muchas muestras de humildad para con los barrios más pobres y las comunidades rurales más alejadas. Durante unos años se integró al programa de alfabetización radial que se transmite por Radio Stereo Yes y creó redes de jóvenes para enseñar a leer a los campesinos en sus propias comunidades.
Antes de su nombramiento como arzobispo, monseñor Leopoldo Brenes estuvo mal de salud. Oficiaba misa en Matiguás antes de Semana Santa, cuando sintió dolores en el pecho, debilidad en el cuerpo y mareos.
Según la madre del religioso, monseñor Brenes después de Semana Santa se vino a Managua a hacerse exámenes.
“Le agarró cosa del corazón, como taquicardia, se le subió la presión y tuvimos que traerlo donde el médico de la familia. Lo mandaron a hacerse exámenes y a pasar chequeos donde un cardiólogo, pero no era nada grave. Tenía la presión grave y le hicieron electrocardiogramas. Las pruebas del laboratorio no detectaron nada malo, pero eso sí, la doctora lo mandó a hacer dieta porque está un poco gordito para su cuerpo”, relata doña Lilliam Solórzano de Brenes.
VIDA RELIGIOSA
Monseñor Leopoldo José Brenes Solórzano nació en Ticuantepe, departamento de Masaya, Arquidiócesis de Managua, el 7 de marzo de 1949. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Nacional de Managua y en el Seminario Conciliar de México. Recibió la ordenación sacerdotal en Managua el 16 de agosto de 1974. Luego fue a Roma, donde frecuentó la Pontificia Universidad Gregoriana y la Pontificia Universidad Lateranense, obteniendo la Licenciatura en Teología Dogmática. Fue párroco en Tisma, departamento de Masaya; en San Miguel y Santa Gema en Las Brisas; luego pasó a ser párroco de la Parroquia de la Asunción en Masaya; y seguidamente de las parroquias de San Pío X, del Espíritu Santo y de Santa Rosa, en la misma capital. Fue electo Obispo, el 13 de febrero de 1988, es consagrado en Managua el 19 de marzo de ese mismo año. Cargos desempeñados:
Vicario Episcopal de Pastoral.
Vicario Episcopal para vocaciones y ministerios.
Obispo Auxiliar de Managua 19 de marzo 1988, 20 de diciembre de 1991.
Secretario General de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.
Obispo presidente del Departamento de Pastoral Sanitaria de la CEN.
“GORDO” POR CARIÑO
“Está un poquito gordo porque en las comunidades la gente lo quiere mucho y le preparan comida; le dan gallinas, chanchito, de todo y él, por cariño y respeto, no puede rechazarlos y así anda, comiendo de todo…, pero él es feliz así, entre la gente del campo”, relata Lilliam Solórzano de Brenes, madre de Monseñor Leopoldo Brenes.
(Fuente: Conferencia Episcopal de Nicaragua)