Julio Ignacio Cardoze
Pregunto al periodista Álvaro Cruz, sobre su escrito publicado en LA PRENSA (del jueves 17 de marzo corriente): ¿No cree que son demasiadas casualidades los errores históricos nicaragüenses? ¿por qué o para qué querer somocizar todo?
Somoza no inventó la dictadura ni la corrupción en Nicaragua. La corrupción no la hace una persona sola, y tan corrupto es el corruptor como el que se deja corromper. Eso ha existido siempre entre nosotros, es un atavismo, un defecto y problema cultural propio de nuestra nacionalidad.
Invito al señor Cruz a leer las memorias del salvadoreño y primer presidente centroamericano don Manuel José Arce (1830), pacificador de Nicaragua (1824) donde escribe que ese bello país (Nicaragua) arrasado por los crímenes, los robos y las guerras civiles —“más que por hombres está habitado por fieras”—.
Además, los sandinistas superaron con creces a los Somoza. Recuerdo poco después del triunfo a una señora granadina, de familia históricamente conservadora y antisomocista, furiosa lamentándose cómo los sandinistas habían robado en un año lo que los Somoza en cuarenta y para colmo sin el desarrollo económico de los Somoza. Esa es la realidad.
Lo que hicieron los sandinistas con Nicaragua no se justifican. Por eso es que la sandinización es una corrupción superada, cínica, mejorada, descarada, sin intentos de ocultarla, llevada a su máxima expresión y sin escrúpulos de ninguna clase.
Ahora vemos a Tomás Borge vendiendo tierras piñateadas, a Daniel Ortega y su esposa comprando tres carros Mercedes Benz en un día, a Bayardo Arce con tierras y edificios de apartamentos. Todo eso tiene un fierro diferente y muy particular que no tiene comparación con nada del pasado. En crímenes, maldad y perversidad, los Somoza les quedan chiquitos a los sandinistas, no les llegan al tobillo, esto está documentado y declarado oficialmente por los organismos de derechos humanos internacionales.
En nuestra cultura, en nuestra sociedad, en nuestra idiosincrasia nacional, ahí está nuestro mal, eso es lo que tenemos que cambiar, mejorar y superar. En la Nicaragua histórica a partir de 1821, el que no es culpable de acción es por omisión. Como Fuente Ovejuna, todos a la una.