Socorro Castillo
Según la señora Violeta Reyes de Padilla, en su artículo decimonónico titulado La Iglesia también cuida la salud física, la Iglesia Católica no debe navegar según las circunstancias de la historia sino que debe guardar celosamente las enseñanzas de Cristo y no puede desviarse un ápice en materia de doctrina y de moral.
Me quedé esperando, sin embargo, un ejemplo claro y transparente respecto a la enseñanza fundamental de Cristo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme”.
Parece que la Iglesia se ha centrado en descubrir la fórmula de agrandar el ojo de una aguja a fin de que pueda pasar por ella un rebaño de camellos.
Luego, doña Violeta insinúa que la maldad del homosexualismo reside en hacer ostentación de esta preferencia, así que mientras se mantengan dentro del closet o de la sacristía todo está bien, pues al igual que otras desviaciones en el escándalo está el pecado.
De esta manera la Iglesia abre sus puertas a los que todavía están fuera, pues “misericordia quiero, no sacrificio; porque no he venido a llamar justos, sino a pecadores”. Así que la clave en todo esto es la discreción, caminar de puntillas cuidándose de no pisar ningún sepulcro recién blanqueado, mientras se guarda la esperanza de encontrar algún psicólogo o psiquiatra que a través de su experiencia propia, clínica o mundana, pueda curar estas inclinaciones.
No cabe duda que con estas consideraciones, doña Violeta nos garantiza una salud física que nos hará sobre todo inmunes a ideas materialistas y narcotizantes del orden natural.