Ernesto José Álvarez*
Roman, Times, serif»>Opinión económica
El ALCA en Nicaragua: mito o realidad
Ernesto José Álvarez*
Después de la firma del TLC con México en 1998, Nicaragua se ha estado proyectando en los mercados internacionales, incluyendo a nuestro principal socio comercial, Estados Unidos. En la cumbre de las Américas los líderes de este hemisferio se comprometieron a crear un área de libre comercio para el año 2005. En vista de estos acuerdos, los Estados Unidos han aportado a los países miembros 85 millones de dólares para ser invertidos en tecnología, con el principal objetivo de mejorar los sistemas productivos de los países integrantes del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Algunos analistas económicos que apoyan el ALCA en Nicaragua sostienen que a través de la firma de estos acuerdos se lograría atraer la inversión privada extranjera, cuyo principal beneficio radica en los empleos generados y en la transferencia tecnológica que resulta de ella. Sopesan también el trade/off entre el probable desequilibrio comercial generado en un principio y el beneficio a la ciudadanía de consumir bienes importados más baratos y de mejor calidad, en algunos casos.
La alternativa viable para que nosotros logremos salir de la pobreza, es estimulando que los empresarios nacionales o extranjeros logren invertir en nuestro país. Para lograr atraer la inversión, es necesario que el Gobierno brinde al inversionista las herramientas necesarias e indispensables para facilitarles el llevar a cabo dicha inversión, creando un marco jurídico responsable, en el cual se cumpla el estado de derecho, con reglas claras de inversión, y un sistema político y económico transparente, logrando que no sólo beneficie a un grupo económico pequeño del país y perjudique a otro sector, sino que todos participen del proceso productivo, fortaleciendo las empresas ya existentes y se tiendan los puentes necesarios para la creación de nuevas empresas.
Si bien es cierto el ALCA es un paso importante para la búsqueda de nuevos mercados internacionales, esto no quiere decir que la solución a todos los problemas económicos existentes en el país sea la firma del TLC, debido a que Nicaragua sería más competitivo en el aspecto tecnológico, si lográramos destinar mayor presupuesto del Gobierno hacia un área tan sensible como la educación, mejorando nuestro sistema educativo, introduciendo carreras técnicas, capacitando adecuadamente a los docentes del país, invirtiendo en infraestructura económica que disminuya los costos de transacción de la empresa privada, reduciendo la burocracia estatal, destinando mayores recursos del Gobierno a través de la banca comercial para fomentar la producción de los pequeños y medianos productores, o en su defecto, crear un banco de desarrollo agropecuario, que sea la plataforma de un desarrollo productivo a largo plazo, para que productores e inversionistas y el país en general, logren alcanzar el ritmo de crecimiento económico de los años setenta, cuando se crecía a tasas de hasta cinco y seis por ciento en nuestro PIB, con niveles de inflación menores al 10 por ciento, con una moneda sólida, con niveles sostenibles de reservas internacionales y destinando mayores recursos a la inversión en capital, y no seguir cometiendo los mismos errores del pasado, en los que el Estado se convierta en el gran empleador y se destinen grandes cantidades de dinero en salarios y gastos innecesarios, si no más bien, que la empresa privada absorba el mayor porcentaje de esa población económicamente activa, de esta manera estaríamos creando las bases fundamentales para que la inversión extranjera no se diluya en países como Costa Rica, El Salvador, Chile, o República Dominicana si no que decidan invertir en nuestro país. Agrada oír cuando un inversionista se decide por nuestro país, sin embargo también desagrada el pensar que los decididos, aún son los menos y no los más. En este sentido es importante la percepción que creamos de nuestro país, a través de nuestras actuaciones individuales y de lo que los medios de comunicación masiva transmiten.
A medida que los nicaragüenses utilicemos el diálogo como instrumento en la búsqueda del consenso entre los principales actores políticos del país, reconociendo el peso de los partidos mayoritarios representados en la Asamblea Nacional, PLC y FSLN, creando un clima de reconciliación nacional entre todos los nicaragüenses, dejando a un lado los discursos antagónicos de venganza y odio, de esa manera se estaría logrando un clima adecuado para atraer la inversión extranjera y así estaríamos listos y en la mejor disposición de firmar cualquier tratado de libre comercio que beneficie al pueblo de Nicaragua.
* El autor es economista