Emma Lugo Downing
Con la caída del comandante Daniel Ortega en 1990, el pueblo nicaragüense tuvo una esperanza y empezamos a vivir con la fe en que finalmente “todo iría bien”. La esperanza es la fe en el futuro. Ya dos dictaduras habían caído. Empezaron a mejorar las cosas poco a poco, pero nuevamente las ambiciones personales y partidarias hicieron resurgir a los caudillos que empezaron a conducir al pueblo a sentirnos atrapados en un túnel oscuro, incapaces de avanzar o de retroceder, sumiéndonos en la desesperación y el pesimismo.
Sin embargo al escuchar al señor Ortega ofrecerle al pueblo “los olivos de la paz” nuevamente me siento optimista de que esta vez llegue a ser verdad que vamos a poder vivir en paz y en un régimen de derecho, porque aunque han pedido perdón públicamente, han restaurado la honra de monseñor Carballo, han ofrecido los olivos de la paz, todavía no han devuelto lo robado.