Rafael Ramírez
Es lamentable lo que sucede en mi pobre país, donde la justicia, los servidores públicos y los políticos pelean por seguir exprimiendo al pueblo. En Nicaragua las personas de nombre y apellidos conocidos son inmunes. Como el caso del doctor Arnoldo Alemán que dejó en quiebra el país junto a sus funcionarios secuaces y casi todos están por salir libres.
Quien tiene dinero lo puede todo. Como los hijos de ministros y diputados que dicen en las noticias cualquier grosería, cualquier improperio en contra de los policías, avergonzando a los “padres de la patria”… Mientras en los hospitales no hay ni alcohol, las empresas privadas explotan a la clase obrera y nadie los protege. El salario mínimo es degradante.
Es urgente que el pueblo reaccione.