Jerson Bejarano
Es difícil sobreponerse a la repugnancia que provoca la actuación de los políticos de Nicaragua. Dan vergüenza. Me avergüenzo de los diputados, de los contralores de la República, de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de algunos jueces en los juzgados; me dan vergüenza Daniel Ortega junto a sus aduladores; repudio a Arnoldo Alemán y los que le rodean.
Todos ellos son egoístas, mentirosos. Son la representación de lo peor en nuestra sociedad. ¿Hasta cuándo los nicaragüenses que no somos vagos, ni parásitos, ni indeseables vamos a dejar que ese grupo nos siga desgobernando? ¿Hasta cuándo vamos a reaccionar y exigir por cualquier medio el respeto que nos merecemos? No sigamos bajando la cabeza. Digámosle a esos oportunistas: ¡Dejen en paz a Nicaragua!