Simón Moraga Calero
La basura cada día nos empuja al aniquilamiento, a un callejón sin salida. Al parecer muchos nicaragüenses no estamos conscientes de la dimensión del problema. Además, las nuevas generaciones no son educadas en esta temática.
La basura no desaparece por arte de magia, sólo se transforma para bien o para mal. Hay una buena campaña de limpieza de ciudades y pueblos, pero es incompleta porque no se toca la raíz del asunto. Se limpian los lugares visibles y los turísticos. Los niños deben aprender que la ciudad más limpia no es la que más se barre, sino la que no se ensucia.
Hace algunos años la población nicaragüense sugirió que era necesario y urgente que las alcaldías municipales en la medida de sus posibilidades con apoyo del Gobierno Central construyeran crematorios para la basura. A estas alturas ya no debemos hablar de crematorios sino de empresas recicladoras de basura, que podrían desarrollar los inversionistas del país. Así nos evitaríamos daños y le sacaríamos ganancias a la basura. Sería alentador oír noticias al respecto.
Algunos estudios en el país revelan que los desperdicios no tratados adecuadamente podrían llegar a contaminar las aguas subterráneas. Pero ya está sucediendo esto, pues en los lugares altos del país los ríos se secan totalmente por el despale y la contaminación. ¿Cuánto tiempo nos falta para que tengamos toda la reserva de agua dulce contaminada? ¿Qué país nos va ayudar si grandes analistas mundiales están prediciendo que la tercera guerra mundial se desatará por obtener los recursos no renovables en vías de la escasez como el petróleo y el agua dulce?