- El albergue de decenas de centroamericanos indocumentados que buscando el sueño americano han caído bajo los rieles del tren en la frontera entre México y Estados Unidos, sufriendo mutilaciones, está en riesgo de cerrarse por falta de fondos para construir el centro, que hasta ahora ha sobrevivido gracias a la caridad pública
Juan de Dios García DavishEspecial para la prensa
CHIAPAS, MÉXICO. Por falta de presupuesto y ayuda gubernamental, el albergue “Jesús el Buen Pastor” podría cerrar sus puertas, dio a conocer la fundadora y directora, Olga Sánchez Martínez, quien externó su preocupación, ya que ningún organismo se compadece del dolor, soledad y drama de los centroamericanos indocumentados.
En este albergue –único de su tipo en México, decenas y decenas de indocumentados, en su mayoría amputados, luchan por sobrevivir y enfrentar la vida. Son hombres y mujeres jóvenes que fracasaron en su viaje al “sueño americano”.
¿Cuándo empezó a funcionar el albergue?
Formalmente tiene seis años aquí, anteriormente estuvimos en una casa más pequeña donde los empezamos atender, hace 14 años.
¿Cómo inició con este proyecto?
El inicio de esta idea que Dios da, es a través del dolor, a través de la angustia, a través del miedo de no morir, esa fue la primera invitación para podernos acercar al que sufría, al que necesita, al que grita dentro de su soledad.
Inicié en el Hospital Regional anteriormente en el Hospital Carmen de Acebo, yo ahí llegaba a visitar a los enfermos, posteriormente se trasladó a Los Cerritos, seguí yendo a visitar enfermos, ahí me fui encontrando con gente centroamericana, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses que perdían sus miembros al intentar abordar el ferrocarril, que eran asaltados, y vi que ellos eran los que más necesitaban, estaban solos, no tenían ni quien les llevara medicamentos, ni quien les diera una palabra de aliento, ni quien se sintiera hermano, eso me fue comprometiendo, ver la soledad de estos hermanos.
“Me fui dando hacia ellos como hermana, como madre, como ellos me quisieran ver y así me fui involucrando”, asegura Sánchez con sencillez, una mujer que ha entregado su vida, en beneficio de los necesitados, una mujer que pide limosna en las esquinas de la calle, vende pan y dedica todo su tiempo a los indocumentados necesitados, mutilados que van a los Estados Unidos.
¿POR QUÉ A LOS SIN PAPELES?
El mexicano tiene familia, está en su país, y el centroamericano se encuentra solo, con heridas tan grandes como las que deja el tren, amputaciones de piernas, de brazos, el gran trauma y miedo, entonces me di cuenta que los que realmente necesitaban de esa ayuda eran los centroamericanos, porque sus heridas son muy grandes, tanto de los miembros como del corazón. Son muy profundas, que llegan a pensar en quitarse la vida.
Cuando eran dados de alta del hospital, ellos tenían que seguir con el tratamiento, curaciones, ya que no salían completamente curados, entonces los tenía que llevar a mi casa, una casa pequeña, muy pequeñita, la familia me ayuda a bañarlos, a darles de comer, también la familia se fue integrando, viendo mi necesidad de ayudar, de vivir, también ellos se fueron integrando a ese mismo dolor, a ese mismo servicio. Llegó un día en que llegué a tener a 15 personas, me entró una preocupación muy grande porque ya los tenía yo en el suelo, todos amontonados, y salí a buscar ayuda, corrí, corrí.
En el hospital encontré a una señora muy buena, gente que me apoyó mucho, le dije mi necesidad, que ya no podía, yo tenía sólo un baño en la casa, un espacio muy corto, tenía a los migrantes en el suelo.
Hablamos con el DIF en Tapachula y fue que nos prestaron una casa donde era el asilo de ancianos, nos lo prestaron para tres meses, pero estuvimos seis, posteriormente, me prestaron esta casita por medio de una hermana de la iglesia, tenía que remodelarse, arreglarse, pero me la dieron para tres años, hemos abusado de la nobleza de este señor y ya llevamos seis años, ya me pidieron la casa y me están dando dos meses para salirme.
¿A dónde se va el albergue?
Ahora estamos en la preocupación muy grande de que estamos construyendo una galera en el terreno que se compró el año pasado con la limosna, desde que yo inicié en este servicio me hice limosnera del Señor para pedir ayuda a la gente de buen corazón para ir solucionando los gastos de alimentación, pero también Dios me ayudó para ir comprando un terrenito, se compraron dos cuerdas y media, que son 1,750 metros, se pagó el año pasado con la ayuda de la gente de buen corazón y con la ayuda de las ventas de cojines, que es el trabajo que ellos realizan acá.
Ahora quiero hacer unas galeras aunque sea porque no tenemos a donde irnos, solamente tengo el terreno, pero queremos construir, pero estamos necesitados de esa ayuda.
VIVIENDO DE LA CARIDAD
¿Cómo le hace para sostener el albergue?
Pidiendo limosna, trabajando, de lo que la gente me regala, ropa usada, trastes…, lo que me dan, nosotros compartimos lo que se van a poner ellos y lo demás se vende para la comida, medicamento, vivimos de la caridad.
Con ayuda de los muchachos —mutilados, heridos y enfermos—, bordamos mantitas, y luego los hacemos cojines, y con la venta de éstos, mantenemos un poco nuestra necesidad.
¿Reciben ayuda del gobierno?
Hasta ahora no, alguna gente, a veces el DIF, nos ha traído dos veces por año algunas cositas, el IDH, no es una cosa formal que esté puntual. Y nuestras necesidades crecen, día a día.
Yo nací con la cruz de la enfermedad, cuando tenía siete años padecí una hemorragia intestinal muy grave, eso me fue dejando raíces que no han salido, sigue molestando, es una enfermedad que para el médico, el hombre de la tierra, no hay medicina, pero Dios me ha demostrado que sí hay medicina, que se puede seguir adelante, aún la tengo pero ya no me hostiga, no me deja tirada como antes que me dejaba hasta 20 días internada en un hospital, estoy viviendo una vida artificial, pero seguir viviendo ya es ganancia de lo que Dios está haciendo en mi vida.
¿Cómo apoyan a los necesitados, a los extranjeros, a los indocumentados?
Psicológica, espiritual y con lo material, que son sillas de ruedas, muletas, prótesis y todo el cariño que podamos darles, con amor, con cariño, con una palmada y los brazos abiertos.
¿Cómo consiguen las prótesis?
Pidiendo limosna, hay un señor de Suiza que se llama Nicolás, es el que el año pasado vino a visitarnos y nos ha apoyado un poco con las prótesis. Pero son insuficientes, falta más, mucho más apoyo. Todos los días atendemos a inmigrantes necesitados, a extranjeros que sufren en su viaje al “sueño americano”.
“Pido a los gobiernos que haya mejores políticas, para Dios no hay Fronteras, que esas fronteras no sean tan difíciles, que haya más amor al prójimo, en los políticos, en los gobiernos, en aquellos que tienen el cargo del pueblo”.
El SUEÑO DE LA SAMARITANA
La fundadora y directora del albergue “Jesús el Buen Pastor”, Olga Sánchez Martínez, expresa que “quisiera un albergue más digno para ellos, con más equipo de rehabilitación, ahora estamos a la espera de que alguien se toque el corazón y nos envíe un poco de ayuda para construir el albergue, tal vez no nos pueda enviar en especie, pero sí ayuda económica para ir comprando material.
Yo quiero un albergue con consultorio, con mejores cuartos, alberca, gimnasio, farmacia, para que ya no tengamos más carencias, porque para mí estos seis años han sido de muchas carencias, de mucha necesidad, no puedo ofrecerles más porque el lugar es muy pequeño, hay un poco de conflictos por estar amontonados, como los hijos cuando uno los tiene en un solo cuarto, necesitamos el apoyo de la gente.
No contamos con personal porque no tenemos recursos, los mismos amputados cocinan, lavan, hacen el aseo, yo estoy como el zompopo salgo a buscar a ver dónde encuentro comida para traerles, si me quedo en el albergue no hay quien nos traiga para comer.
El lugar es para 15 personas, pero ahora tenemos 52, pero uno se siente muy mal al negarle el techo a alguien que viene herido, macheteado, que viene con mucho deseo para que alguien le tienda la mano.
También tenemos a mexicanos que ya nadie los quiere, como los ancianitos, ya no los quieren, no hay quien los reclame ni los quiera recibir, aquí los recibimos para que ellos tengan un techo, una cama donde puedan estar ellos acostados”.
TESTIMONIOS
Mario Hernández, es originario de Santa Rosa de Copán, Honduras. Recuerda que se montó la primera vez en el tren, “me revolcó pero no me pasó nada en ese momento, después volví a intentar y ahí fue que me accidenté”. Ahora está amputado de la pierna izquierda.
El accidente ocurrió el 28 de junio. “Gracias a Dios y doña Olga han hecho mucho por mí, se ha portado como una verdadera madre, me ha dado todas las atenciones, me ha ayudado moral y espiritualmente”.
Mauricio Martín López, procede de Malacanta, Guatemala. Recuerda que “me caí del tren, no me pude agarrar y me amputó las dos piernas, el accidente fue en enero, en Ixtepec, Oaxaca, gracias a doña Olga acá me han dado las prótesis”.
Otro de los beneficiados en el albergue es Donar Antonio Ramírez Espinal, del municipio de Concepción de María, Choluteca, Honduras. “Me caí del tren tratando de agarrarlo, en una aldea que se llama Acuites, Oaxaca. me arrolló los dos pies el tren, de ahí me trasladaron a un hospital en Arriga, esto me ocurrió el 26 de marzo. Aquí me han dado toda la recuperación, me van a dar mi prótesis. El ánimo que ella (doña Olga) nos da, la lucha de seguir adelante, de aquí me voy a ir caminando otra vez como me vine de mi país”.
Otros más cuentan su historia, el dolor y drama que vivieron, pero ocultan su rostro. Son personas que tienen miedo a la burla de la sociedad. Otros se esconden y piden que se omita su nombre para no causar pena a su familia.
TONADA
“Un día caminaba por las vías del tren, a las 11:00 de la noche esperaba yo el tren, de pronto el tren venía y yo me le aventé queriendo agarrarlo pero me resbalé, lloré en ese momento al verme tirado con las piernas cortadas clamaba yo a Jesús. Oí que alguien me decía, ven joven para acá y era Jesucristo que quería mi vida. Aquí estaaaaaa, mi vida y mi voooz para alabarte Señoooor”.