Querido niño Dios: Disculpáme si encontrás esta carta de lo más incoherente, pero lo que pasa es que me tienen enredado, confundido, cruzado. Hay veces que me siento más perdido que Adán en el día de las Madres, y no es para menos. Vieras vos lo que estamos viviendo en Nicaragua… ¿Te fijás cómo ando de dundo? Se me olvida que vos todo lo sabés. Bueno, de todas formas te lo voy a contar, al mismo tiempo que te pido mis regalos.
Mirá. En primer lugar dame paciencia. En este país los grandotes hacen lo que les da la gana y todo lo quieren para ellos. Eso de “amaos los unos a los otros como yo os amé” no va con ellos. A lo sumo, lo ponen en unas mantas rosadas de lo que ellos llaman “la revolución del amor” pero que no pasa del diente al labio ya que su Comandante es uña y carne de una doble moral que habla de amor a través de los peores cuadros de la antigua Dirección General de Seguridad del Estado.
En segundo lugar, dame fe. Vieras como he perdido la fe en mis congéneres, especialmente en aquellos que llegan a puestos de poder. Si vieras la robadera que se ha desatado. A la Piñata 1 de Piñatín le siguió La Piñata 2 de Toño Cañón y sus muchachos, y a ésta la Piñata 3 de Tamalón. La cuestión es que ahora mucha gente se cree con el derecho de robar y las comisiones están a la orden del día. Si aquí uno quiere trabajar o vender o entrar en una licitación, siempre hay algún “honesto y sufrido funcionario público” que le resuelve a uno la vida… ¡siempre y cuando haya una mordida de por lo menos 10%!
En tercer lugar, dame paz porque últimamente me ando con una furia que no es jugando. Y no es que me quiera justificar, pero no es para menos. Ve, niño Dios, se me han escamoteado mi voto, mis representantes ante la Asamblea hacen lo que dicen sus dictadores, la justicia está en manos de una sola persona, los grandes ladrones salen de las cárceles, los jueces dictan sentencias políticas (le dijeron adiós al derecho y a la justicia), y nos estamos acostumbrando.
El cuarto regalo que quiero, es discernimiento. Vieras vos cómo mienten los políticos de este país y cómo tratan de engañar. Que no hay pruebas, que él no fue, que son unos envidiosos, que él es honesto desde el pelo hasta sus cromosomas, que es una campaña de desprestigio, que a él lo adora el pueblo, que es un líder natural, que es un elegido tuyo, que es el salvador de la democracia, que es la única esperanza de los pobres, que es el faro de los valores cristianos etcétera, etcétera.
Por último, querido Niño Dios, dame fuerzas. Con tanta pobreza y tanta oscuridad estoy a punto de caer. Amparáme, pero rápido por favor. Cómo estaré de confundido, cuánto me habrá abatido la impotencia que estoy contemplando afiliarme al PLC$ o al F$LN y, lo que es peor, estoy pensando seriamente en firmar una carta de apoyo ¡¡para el que apoya a Tamalón y a Piñatín!! Ayudame, niño Dios, no quiero ser otro “Cínico de Corazón”.