- Sin experiencia ni guía en un lugar peligroso, con condiciones climáticas en su contra, estaban condenados
Wilder Pérez R.
Las circunstancias en que los turistas Nicholas L. Roth, de Gran Bretaña y Jordan Ressler, de Estados Unidos, fueron en busca de la laguna en el cráter del volcán Maderas, estaban dadas para que no volvieran con vida de la Isla de Ometepe.
La fecha del 17 de noviembre estaba muy cercana al invierno, que este año se retiró de forma tardía. Por otro lado, el frente frío del norte del planeta estaba encima con nubosidades y algunas precipitaciones. Para colmo, ya los días habían empezado a durar menos, el Sol se estaba ocultando más temprano, casi después de las 5:00 p.m.
Eso no detuvo a los turistas. A pesar de que ninguno tenía experiencia en escalar montañas, decidieron subir. Sus instintos los abandonaron desde temprano, pues no conocían el lugar y tampoco se les ocurrió contratar un guía.
Condenados por anticipado, la naturaleza les esperaba como una inmensa trampa mortal que, valiéndose de sus encantos, los esperaba con su topografía engañosa, guindos ocultos por nubes y fauna, sitios resbaladizos, caminos estrechos o falsos taludes, que han llevado a los mismos lugareños a creerse leyendas misteriosas.
Ante tantas desventajas de un par de jóvenes ante la naturaleza, los expertos del Instituto de Medicina Legal descartaron un acto criminal.
“Fue una caída accidental en un sitio extremadamente peligroso, resbaladizo, lamoso”, aseguró Zacarías Duarte, subdirector del Instituto.
Otro elemento descartado fue que la tierra se hubiera hundido bajo sus pies, pues no hubo derrumbe. El sitio del “resbalón” fue catalogado como peligroso por los peritos, porque además de permanecer húmedo, el suelo estaba cubierto de lama y se trataba de un campo muy estrecho, con poco espacio para caminar, de manera que lo difícil es no caerse.
La falta de visibilidad pudo ser lo que provocó la “precipitación” de los turistas, lo que llevó a los especialistas a creer que el accidente pudo ser de noche o al atardecer, ya que el “switch” de una lámpara de cabeza que ellos portaban se encontraba encendido.
CAÍDA MORTAL
Tras resbalarse, los turistas cayeron hasta una profundidad de 120 metros, pegando con cuantos árboles, piedras, troncos y tumultos de tierra sobresalían de las faldas del volcán.
Duarte dijo que cuando revisaron la osamenta, que fue lo único que los animales carnívoros del bosque dejaron sin comer, se encontraron con “lesiones prácticamente en todo el cuerpo: la cabeza, miembros superiores, miembros inferiores, tórax, y naturalmente que debió haber habido lesiones viscerales gravísimas, severas, destrucción o contusión severa de cerebro, laceraciones (heridas) probablemente de órganos internos del tórax y del abdomen”.
El funcionario añadió que “en base al estudio de los huesos, se pudo constatar que hubo politraumatismo múltiple, es decir, que la precipitación causó lesiones o fracturas múltiples en los huesos de todo el cuerpo y probablemente laceraciones en órganos internos: cerebro, hígado, pulmones, etcétera… habían lesiones graves en la cabeza, destrucciones en la región cervical de la columna, que son lesiones incompatibles con la vida”.
A pesar de eso, los cuerpos llegaron completos a tierra. El hecho de que sólo se hayan encontrado los huesos tras apenas 18 días de fallecidos, se debió a que los zopilotes, coyotes, perros, gatos y resto de animales que se alimentan de carne, se saciaron con ellos.
La identificación fue fácil porque se encontraron sus llaves, mochilas, ropas y hasta un zapato que jamás abandonó su pie junto a cada osamenta. Las estaturas fueron determinantes, por lo que difícilmente habrá exámenes de ADN, la forma más exacta de identificar a una persona.
Los restos de Roth, de 28 años de edad y de Ressler, de 23, fueron entregados el lunes pasado a las embajadas británica y estadounidense, respectivamente. Medicina Legal dio por concluido el caso.