El esposo, el amigo, el confidente. ¿Cómo renunciar a la presencia de esos tres seres representados en un solo hombre? Tres mujeres narran cómo han enfrentado la vida después de ser sorprendidas por la muerte del hombre que amaban
“Amiga, tu matrimonio parece un cuento de hadas, tenés el matrimonio perfecto”, le dijo una amiga a María Teresa de Chamorro, quien para entonces no vislumbraba ni en sus peores pesadillas, que su cuento de hadas duraría solamente 16 años.
María Teresa recuerda que acompañó a su esposo a un chequeo médico porque en tres ocasiones tuvo problemas para tragar alimentos, lo cual les preocupó. Nunca imaginaron que el diagnóstico sería letal. A Noel Chamorro Cuadra le diagnosticaron cáncer en el esófago. El diagnóstico abatió su mundo como un terremoto.
María Teresa asegura que su esposo era un hombre de hábitos saludables: no fumaba, era deportista y un hombre dedicado a su familia. Los hijos de ambos para entonces tenían diez, nueve y ocho años de edad.
Antes de desarrollar cáncer, el esposo de María Teresa tuvo una úlcera en el duodeno, la cual le fue curada, pero ella recuerda que recién casados, don Noel padecía de agruras y acidez, razón por la que tomaba pastillas para aliviar los malestares que con el tiempo cesaron. Sin embargo, años después descubrirían que en su interior se formaba una llaga que llegó a convertirse en cáncer.
A partir del diagnóstico iniciaron dos años y medio de hospitalizaciones, consultas médicas y tratamientos. Las radiaciones y quimioterapias eran agresivas. Después de éstas un médico judío-americano, diagnosticó que el esposo de María Teresa estaba curado del cáncer en el esófago. La alegría los invadió, pero no por mucho tiempo.
Disfrutaron en familia un año de tranquilidad sin que Noel fuera sometido a tratamientos agresivos.
En una de las visitas de rigor al médico, le diagnosticaron una metástasis en el cerebro. “En cuestión de dos semanas Noel perdió sus facultades. Pese a que sería una cirugía muy delicada para extraerle el tumor canceroso en el cerebro, el resultado fue un éxito. Los médicos lo extrajeron sin dificultad porque no tenía raíces”, cuenta María Teresa.
Llevaban dos batallas ganadas. Faltaba ganar la guerra, que significaba que no se formara otra metástasis. Ocho meses después se dio la batalla final, una metástasis se formó en un pulmón. De manera rápida, el cáncer se expandió por el cuerpo del esposo de María Teresa, provocándole la muerte.
“Nunca, ni en los peores momentos de su enfermedad, a Noel se le vio deprimido ni triste; siempre nos decía que estuviéramos contentos, y como familia tratamos de vivir de manera normal, no dejamos que la enfermedad se apoderara de nosotros”, afirma María Teresa.
Noel Chamorro perdió cerca de 100 libras por el cáncer. “Yo me tomé muy en serio lo que a uno le dicen cuando se casa por la iglesia, que ya no seremos dos, sino un solo ser. Nosotros nos fusionamos tan bien desde que nos casamos, que sería muy difícil enfrentar la vida sin él, siempre respetamos la identidad de cada uno, creo que eso fue lo que me salvó y ese es el verdadero amor, dar su espacio a cada quien”, asegura María Teresa.
“La fortaleza me la dio Dios para recuperarme de la depresión que me provocó la pérdida de mi esposo. La familia y los amigos han sido incondicionales en su apoyo”, dice.
Siendo una mujer joven y atractiva, al haber enviudado, ¿cómo está el corazón de María Teresa ante la posibilidad de volver a enamorarse? A esto contesta que “es tan difícil pensar en eso porque lo mío no es un divorcio, es una viudez. En este momento no estoy pensado en eso, pero estoy abierta al amor de Dios y lo que me tenga preparado para aceptar esta pérdida. Yo me decía que si acepto lo bueno por qué no aceptar lo malo.
A las mujeres que puedan enfrentar la pérdida de sus esposos, María Teresa les aconseja refugiarse en la fe. “Noel era bien devoto de Sor María Romero y tenía tanta fe, yo recuerdo que le reclamaba a ella y le preguntaba por qué no le concedía a este hombre tan devoto y con tanta fe lo que le pedía que era la sanación. Él murió el día de Sor María Romero y esa fue la señal de que ella lo escuchaba porque no lo curó, pero a nosotros nos sanó con paz espiritual”, asegura María Teresa.
Actualmente María Teresa es jefa de familia, dos de sus hijos son adolescentes y uno está por entrar a esa etapa. Afirma que recién fallecido su esposo se deprimió de tal manera que pasaba días enteres sin levantarse de su cama, hasta que sus hijos le hicieron entender que debía seguir adelante por ellos.
Actualmente María Teresa distribuye su tiempo entre vigilar los negocios familiares, cuidar de sus hijos, pintar, realizar labores de jardinería y además realizar obras de beneficencia. Trabaja en obras de las hermanas de Madre Teresa de Calcuta, con las que atiende un comedor para ancianos ubicado en el barrio El Calvario. También gestiona la construcción del monasterio de las Carmelitas Descalzas —monjas de claustro—, y apoya obras de recaudación de fondos para mujeres con cáncer.
María Teresa afirma que al ayudar a los demás ha descubierto un mundo de personas que han sufrido o sufren y eso la hace valorar las bendiciones que Dios le ha dado. “Uno llega a ayudar, pero realmente uno es quien recibe ayuda”, concluye.