Edgard Rodríguez C.
Este Bóer parece especialmente diseñado como para enloquecer a sus fanáticos. Salta de una magistral actuación, a otra muy deprimente. Sin embargo, en medio de lo discutible que puede ser su desempeño global, hay detalles que valen la pena ser observados.
Dan Moylan le pega a la bola, y duro. Alberto Cabrera es preciso mezclando disparos y el chavalo Byron Zepeda no se anda con cuentos al caminar sobre el fuego. Pero lo más llamativo podría ser el guante de Bayardo Dávila en el short. Todavía no se arruga.
Durante casi dos décadas, Dávila ha impactado tanto con la magia de su guante, que uno cree ya agotó nuestra capacidad de asombro, pero siempre se las arregla para mostrarnos un nuevo truco, mientras reitera su utilidad en las siempre agitadas paradas cortas.
“Ya no soy el mismo”, ha dicho Bayardo últimamente, pero nadie lo ha notado. Y más que una excusa anticipada, sus palabras reflejan la humildad que ha cubierto su carrera, cuya grandeza ha llegado a situarlo entre los mejores shortstops de todas las épocas.
Nunca vi jugar a don Rigo Mena, pero su recuerdo es tan consistente entre aficionados y los cronistas se refieren a él con tanto respeto, que no hay como dudar de su brillantez. Además, don Rigo fue más impactante que varios big leaguers que vinieron aquí.
Después de Mena se habla de César Jarquín, el extraordinario fildeador de San Isidro que se hizo merecedor del mote de maravilla. Lo vi en la recta final de su carrera, pero aún se podía apreciar la plasticidad que proyectaba con sus movimientos.
Luego está Dávila, aunque algunos consideran que se podría discutir el segundo puesto. Pero sea cual sea el ranking, lo cierto es que en esta época hemos tenido la oportunidad de observar a un fildeador que resiste comparación con todos los mejores.
“Ya no me muevo como antes”, dice Dávila, pero quizá no lo necesite. Su experiencia, su sentido de la ubicación, su conocimiento de los bateadores y su coordinación con los pitcheos que se utilizan, permiten que su grandeza, lejos de arrugarse, se note más.