Chepeleón Argüello
Terrorista para muchos, héroe para otros, Arafat fue controversial. La falta de compromiso y seriedad para negociar la paz con Israel le restaron la poca credibilidad con que contaba ante el mundo libre.
Prefirió la pistola en vez del olivo de la paz porque ésta no es rentable para quienes hicieron del terrorismo una forma de vida para amasar una fortuna personal, que lo incluyó entre los 500 más ricos del mundo en el año 2004, mientras la juventud palestina era bombardeada con ideologías de terroristas religiosos, y líderes inescrupulosos que les prometen, al inmolarse como bombas humanas, mejor vida en el cielo.
La viuda e hija de Arafat viven en Francia, rodeadas de bienes terrenales que sólo en promesas de paraíso la juventud palestina puede imaginar.
Ahora, los círculos más allegados al líder palestino, especialmente los que se han beneficiado económicamente de la corrupción que promovió en vida Arafat —sin importarle el hambre del pueblo— visten los recuerdos de Arafat, hacen del hombre un personaje de leyenda, un héroe rodeado de misticismo, lo proclaman como el padre y constructor del Estado palestino y de sus defectos dicen que se trata de una campaña de desprestigio sionista.
La ausencia de Arafat presenta una nueva dinámica que favorecerá el tan ansiado proceso de paz entre Israel y Palestina que, junto a Estados Unidos, no pueden despreciar esta oportunidad pues ahora los palestinos no tienen la excusa de Arafat para boicotearla.
Fremont, California