Alfonso Castellón Ayón
Después que asesinaron al periodista Carlos Guadamuz escribí un artículo haciendo un llamado a detener tanta cobardía. Y es que no puede llamarse de otra manera que cobardes a quienes se escudan en sus armas asesinas para silenciar la voz del valiente periodista, que ejerciendo un sagrado oficio denuncia, informa u opina sobre hechos que suceden en nuestro país.
Nos están obligando a tener que armarnos para defensa de nuestras vidas. El cobarde ataca con alevosía, en las sombras tenebrosas para ocultar su propio miedo a ser descubierto. La Policía debe ser fuerte y mano dura con aquéllos que tienen antecedentes criminales y portan armas.
Nicaragua está nuevamente de luto. No soy partidario de culpar a priori a nadie. Pero desafortunadamente ya se ha expresado el Diario de los Nicaragüenses en este sentido. Dejemos en paz las armas y aprendamos a combatir con la mejor de ellas: la palabra.
Reciban mis condolencias todos los periodistas de Nicaragua y el mundo. Es otro mártir de la libertad de prensa quien cayó. Y consecuentemente su semilla germinará en el corazón de sus colegas para animarlos a no temer a quienes atentan contra la libertad de expresión. Descanse en paz María José Bravo Sánchez.