Josefo Núñez
A diario leemos noticias terribles, sobre hechos lamentables e intolerables. Pero un hecho que no debe quedar en el silencio ni en el olvido de la justicia es el caso de la joven periodista María José Bravo, quien murió a manos de un desalmado, quien no teniendo el más mínimo respeto por la vida le disparó a quemarropa, con el pretexto de “por ustedes perdimos”.
Esa es una justificación sin sentido, absurda. Ojalá no se empiece a decir que fue sin premeditación, ya que los hechos demuestran alevosía agravante.
Como en otros casos al culpable se le ha diagnosticado un cierto “desequilibrio mental”, y todo para protegerlo y ampararlo ante la misma justicia.
No podemos callar ante situaciones lamentables que no sólo consternan a la familia de la víctima, sino que nos embargan de luto a todos los nicaragüenses amantes de la paz, de la libertad y de la justicia.
Tal vez el Presidente no declare luto nacional por 24 horas, pero en el gremio periodístico que se le honre a María José Bravo como lo que era: madre, periodista, persona, nicaragüense.
Y que la justicia no ponga ojo torvo. Nadie es culpable de nada cuando se trata de cumplir con una responsabilidad social, ni nadie tiene derecho a impedir el cumplimiento de sus funciones a nadie.
Tal vez ya no ruja la voz del cañón, pero nuestra tierra sigue tiñéndose de sangre de hermanos.