- Salieron desde Alaska y llegarán hasta Panamá, donde se encontrarán con otro grupo que salió del sur
- Jornada es para cumplir profecía Maya que alude el encuentroentre el águila y el cóndor
Luis Eduardo Martínez M./Corresponsal
MATAGALPA.- A sus 60 años de edad, Sarah James es parte de un grupo de 33 indígenas de distintas poblaciones de Norte y Centro América que, en una jornada por la paz y la dignidad, vienen corriendo desde la población indígena de Chikaloon, al norte de Alaska, y ahora cruzan el territorio nicaragüense.
Según esta mujer, originaria de la Nación Indígena de Gwichin, en el interior de Alaska, con esfuerzo y los rezos de sus compañeros más jóvenes ha logrado correr hasta 20 kilómetros en un solo día, pero por afectaciones de salud su recorrido promedio es de apenas cinco o siete kilómetros por día.
La meta de los corredores es llegar a Panamá, donde pretenden encontrarse, el 27 de octubre, con otro grupo de indígenas de distintos países de Suramérica que iniciaron una jornada similar desde la Patagonia, Argentina.
Junto a un pozo en el patio de las oficinas de la Comunidad Indígena de Matagalpa (CIM), hablando en inglés, James explica que el suyo “es un esfuerzo del que estoy muy a gusto mental, física y espiritualmente. Doy honor a los jóvenes que corren fuerte y rezan fuerte por mí, para que siga corriendo por la paz y la dignidad”.
LOS BASTONES
“El mundo debe cambiar”, dice, mientras es interrumpida por los cánticos indígenas que algunos de los corredores más jóvenes entonan al son de un par de tambores de cuero, en una sala contigua. James va al recinto, en cuyo centro yacen más de 200 bastones adornados con plumas y listones multicolores sobre alfombras tejidas a mano.
Cada uno de los bastones representa a una población indígena distinta por la que han pasado los corredores en su ruta desde Alaska.
Entre los bastones destaca uno que está al centro de los demás. Es el denominado “Bastón de Mando”, con el cual el grupo de corredores salió desde Chikaloon con sólo tres plumas: una de un águila, una de una guacamaya y la tercera de un cóndor, las que respectivamente representan a las poblaciones de las tres Américas. Ya lleva puestas más de 200 plumas y listones.
RITUAL SIN FOTOGRAFÍAS
Un extraño olor se siente en la sala porque una joven del grupo realiza un ritual para limpiar el “Bastón de Mando”. Dentro de una pequeña pieza de barro incineró un ingrediente del que los indígenas no quisieron comentar porque según ellos es un ritual sagrado en el que tampoco es permitido tomar fotografías o vídeos.
Con una pluma gris de mediano tamaño, en cuclillas, la joven sopla suavemente sobre el “Bastón de Mando” y luego lo limpia con suma delicadeza.
Poco a poco, los 33 corredores se reúnen alrededor de los bastones e inician una ceremonia con ritos indígenas que duran aproximadamente una hora y que incluyen cantos y danzas al ritmo de dos tambores y dos maracas.
Después de la ceremonia, el “Bastón de Mando” es levantado con delicadeza por uno de los indígenas. Sólo después de eso pueden los otros indígenas levantar los demás bastones que, según Felipe Barocio Martínez, descendiente de los Chicnahuapan, de México, “también necesitan descansar porque no son un simple trozo de madera adornado con plumas, sino que cada uno representa a los espíritus ancestrales de los pueblos indígenas por los que hemos pasado en esta jornada por la paz y la dignidad”.
CUMPLIMIENTO DE PROFECÍA MAYA
Por su parte, Raúl Retana Buitimea, de la Nación del Río Jiaki Mayo, al norte de México, explicó que la jornada es el cumplimiento de una de las profecías de la antigua cultura Maya que alude al encuentro entre el águila y el cóndor. El primero simboliza a los pueblos del Norte y el segundo a los del Sur.
“Esa profecía nos dice que después de los 500 años de conquista era el tiempo de restablecer la unidad de nuestros pueblos indios y entonces, desde 1992, cada cuatro años, indígenas de todos los pueblos de varios países hemos estado corriendo por todo el continente”, dijo Retana.
Añadió que cada vez se involucra más gente en la carrera que considera como “una forma de honrar y presentar ofrenda a nuestra Madre Tierra, como una forma de pedir por toda nuestra gente y como una forma de resistencia cultural y espiritual a la conquista y todo lo que vinieron a hacer aquí (América) los europeos y después los gobiernos mestizos”.
EL NUEVO SOL
Para Antonio Zarazúa Marín, descendiente de los Mechikas de México, el cumplimiento de la profecía Maya referida al encuentro del águila y el cóndor marca la pauta para el cumplimiento de otra profecía de esa antigua cultura y su legado astronómico “del tiempo del no tiempo”, la que establece el año 2012 como el final de una era de cambios muy radicales y el inicio de un “nuevo amanecer”.
“Es el nacimiento de un nuevo sol, es decir, que ya vamos a empezar a ver el sol a como lo veíamos antes, vamos a empezar a darle gracias cada vez que salga, por estar con nosotros”, explicó.
Según Zarazúa, la del nuevo sol “es una profecía Maya que está escrita en los códices y aunque todavía se van a ver cosas muy radicales, fenómenos astronómicos muy marcados, en el 2012 llegará el tiempo del no tiempo. Terminará la era de los cambios radicales y empezará la era de la paz y armonía en la humanidad”.
Por su parte, Felipe Barocio Martínez consideró que de la misma forma que las profecías Mayas advirtieron la llegada de los conquistadores, también vaticinaron una “era de oscuridad” que duraría aproximadamente 500 años y que ya se han cumplido desde el descubrimiento de América.
CADA CUATRO AÑOS
En 1990 representantes de más de 200 poblaciones indígenas del Continente Americano se reunieron en Quito, Ecuador, donde plantearon la profecía Maya del encuentro del águila y el cóndor, explica Felipe Barocio Martínez.
“Entonces se planificó hacer estas jornadas de paz y dignidad, que se volviera a caminar por el Continente a como se caminaba antes (del descubrimiento de América) para dar gracias por la vida y poder tener la armonía que siempre tenían nuestros antepasados en el norte, en el centro y en el sur”, dijo.
Comentó que la primera carrera indígena, realizada en 1992, la dedicaron a la experiencia y sabiduría de los ancianos. Cuatro años más tarde, en 1996, corrieron por toda América en honor a los niños y adolescentes.
Posteriormente, en el año 2000, corrieron en honor a la familia y este año la carrera indígena está dedicada a la feminidad como dadora de vida, principalmente la mujer, para que se respeten sus espacios y se frenen los abusos en su contra.
UNIÓN DE LOS PUEBLOS
La jornada por la paz y la dignidad tiene como fin la unidad de los pueblos indígenas del Continente Americano. “Ya lo estamos logrando y nos uniremos con otros pueblos ahora que lleguemos a Panamá”, comentó José Malvido, originario de la población Tohono O’odham (Gente del Desierto), Arizona, Estados Unidos.