¿Y Latinoamérica? Bien, gracias

Alberto L. Alemán Aguirre En un gran ejercicio democrático del cual muchos países, incluso en una Europa a veces desdeñosa de Estados Unidos, podrían aprender, los candidatos presidenciales concluyeron el ciclo de tres debates televisados a nivel nacional. Estos eventos fueron de distinta intensidad, siendo éste último el menos animado, aunque no por ello menos […]

Alberto L. Alemán Aguirre

En un gran ejercicio democrático del cual muchos países, incluso en una Europa a veces desdeñosa de Estados Unidos, podrían aprender, los candidatos presidenciales concluyeron el ciclo de tres debates televisados a nivel nacional.

Estos eventos fueron de distinta intensidad, siendo éste último el menos animado, aunque no por ello menos importante. El presidente George W. Bush y el senador John Kerry discutieron sobre Irak, el terrorismo, el empleo y la economía, los impuestos, el sistema de salud y los matrimonios gay, entre otros temas, en sus tres encuentros.

Y quizás sin que sea muy sorprendente, pudimos confirmar una vez más que América Latina y los grandes temas de interés regionales, como el libre comercio, la lucha contra el narcotráfico y la relación política con el continente, no aparecen en el radar de los dirigentes estadounidenses.

El único tema importante —a juzgar por los minutos dedicados a él y la presentación de propuestas— más cercano a Latinoamérica, fue el de la inmigración. Pero las propuestas fueron hechas ante todo de cara a los electores hispanos (la minoría más grande del país y que puede ser decisiva) y blancos anglosajones (la mayoría), preocupados por la inmigración ilegal.

No es ninguna casualidad que el asunto estuviese presente porque el último choque de los candidatos ocurrió en Arizona, un Estado donde los hispanos son el 27 ciento de la población.

Arizona es, además, uno de los swing states o “estados bisagra”, donde no hay un apoyo categórico a alguno de los contendientes y que podrían ser claves.

Bush rechaza una amnistía —palabra temida por los ciudadanos conservadores, un electorado natural del republicano—, y a cambio ofreció un sistema de permisos de trabajo temporales. No es una idea nueva, porque a principios del año su Administración propuso un sistema de permisos laborales por tres años, renovables por otros tres.

El Presidente coqueteó con su colega Vicente Fox y por un tiempo flotó una posible amnistía migratoria que hubiese beneficiado a más de cuatro millones de mexicanos indocumentados, principalmente. Pero al final, el globo se desinfló y los temas de migración, junto a la promesa de relaciones más cercanas con Latinoamérica, cayeron víctimas del cambio de prioridades impuesto por el 11 de septiembre. Una historia más de lo que pudo ser, pero no fue.

Mientras tanto, Kerry fue más allá y abogó por la legalización de millones de indocumentados (entre 8 y 12 millones), de hacerlos ciudadanos.

A Bush podemos juzgarlo por lo que ya prometió al respecto, pero no cumplió.

En cuanto a Kerry, únicamente cabe esperar que cumpla de ganar la carrera presidencial. Indudablemente, fue un guiño de ojo formidable hacia los hispanos.

En general, a juzgar por las interpretaciones de la prensa estadounidense, ambos candidatos lograron establecer claramente las diferencias entre ellos, reiterar sus ataques a los flancos débiles del adversario, pero difícilmente uno de ellos pudo adquirir una ventaja significativa.

El ganador de los debates fue el senador Kerry y la posición de Bush sufrió daños. Así lo confirman los sondeos y los análisis noticiosos.

A Bush, el público lo conoce; a Kerry, no se le conocía tan bien.

El demócrata logró impulsar su imagen, aclarar su programa, lució mejor controlado que Bush y quizás anuló la ventaja que el mandatario le llevaba en las encuestas. Hoy, ha tomado una ligera ventaja que no es mortal. A poco más de dos semanas para el gran día, muchas cosas pueden ocurrir y el efecto de los debates va a disminuir.

Desafortunadamente, no les oímos debatir de la lucha contra el narcotráfico o el Cafta. En un tema espinoso que fue hábilmente obviado. Y en eso, digan lo que digan Bush o Kerry, las cosas dependerán más de un Congreso lleno de legisladores muy sensibles a lo que piensan sus electores, a menudo temerosos de perder sus empleos.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí