Henry Briceño
Además del deficiente servicio eléctrico que brinda Unión Fenosa, nos recetó un apagón con matices de drama que costó más de un millón de dólares a los usuarios, sin incluir los daños colaterales provocados por el fenómeno del 22 de septiembre que hoy termina, a las 6:02 p.m. De esos efectos la empresa no perdió ni cinco centavos y la facturación de septiembre cuidado sea mucho más elevada que la del mes anterior.
No observo por ningún lado que Unión Fenosa fuera afectada por el apagón tal como lo afirmaron los “españoles-nicaragüenses” en un comunicado en el que dejaron al descubierto que todos podremos ser culpables del deficiente servicio eléctrico y en particular del apagón menos ellos.
Afirmaron los —Disnorte y Dissur— que están solicitando investigación sobre el apagón a fin que las entidades correspondientes procedan a corregir cualquier tipo de anomalía y fortalecer de esta manera el sistema eléctrico de Nicaragua. Éste y todos los apagones que hay en el país no pueden ser atendidos por las cuadrillas de la empresa, ya que las pocas unidades que aún no han vendido y los mínimos empleados de campo emplantillados que todavía quedan, no son capaces de brindar una atención correcta a la red instalada y que de paso ya su vida útil ha caducado.
Los pocos viejos electricistas de campo que quedan no tienen fusibles, alambre, botas especiales, uniformes, guantes, alicates, desarmadores y similares. Unión Fenosa no posee vehículos propios, sus oficinas son alquiladas, el servicio de medición, corte e instalación de medidores es alquilado. Aquí, surge la pregunta del millón que el propio gobierno bolañista no ha sido capaz de hacerse en virtud de su posición prebendaria permanente en pro de los intereses de Unión Fenosa: ¿Por qué Unión Fenosa no invierte en Nicaragua?