Marcela Sánchez
Roman, Times, serif»>Desde Washington
La OPS ante una encrucijada
Marcela Sánchez
En la reunión anual de líderes mundiales en las Naciones Unidas esta semana, quedaron claras las profundas divisiones que persisten por el rol de Estados Unidos en Irak, divisiones que Bush no logró superar al asumir la defensa de ese rol con un discurso optimista y sin descargos.
En contraste con la opinión de Bush de que el mundo ha entrado en “un momento de formidables oportunidades”, líderes como el Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva advirtieron que “la humanidad está perdiendo la guerra por la paz” e hizo un llamado para un enfoque contra el terrorismo que no sea “concebido estrictamente en términos militares”.
A decir verdad, Washington durante la administración Bush no se ha hecho totalmente militarista. Contrario al estereotipo o las percepciones, Estados Unidos continúa financiando una buena cantidad de iniciativas humanitarias alrededor del mundo.
Claro que la inclinación de Washington a lo multilateral ha sido escasa últimamente y los fondos para iniciativas humanitarias también lo han sido, particularmente para alcanzar la ambiciosa meta expresada por Bush de que será un mundo más justo el que lleve a un mundo más seguro. Así que los pocos fondos y la escasa buena voluntad, no pueden despilfarrarse.
Eso es, sin embargo, lo que está en riesgo en la Organización Panamericana de la Salud, la agencia internacional de salud más antigua del mundo. La OPS tiene la noble misión de promover cooperación interamericana para luchar contra enfermedades y mejorar el bienestar de las personas. Puede atribuirse además logros tan grandes como la erradicación del polio y la viruela en las Américas.
Pero la OPS se halla ante una encrucijada crítica. Su directora se ha visto implicada en serias acusaciones de corrupción, otros empleados están señalados por transgresiones y miembros del personal se quejan de un lugar de trabajo hostil.
Todo esto lleva dentro del organismo a una sensación generalizada de insatisfacción, el 66 por ciento del personal encuestado recientemente dijo que la necesidad de cambio en la OPS es “muy urgente” y un 84 por ciento desearía cambios importantes en su ambiente laboral.
El Consejo Directivo de la OPS, compuesto por los ministros de Salud de los 35 países miembros, se reunirán aquí la próxima semana para su encuentro anual. Los ministros recibirán un reporte actualizado sobre el estado de salud del hemisferio pero también, muy probablemente, los resultados de una auditoría externa de tres meses sobre acusaciones de “conflictos de interés y malos manejos” dentro de la organización.
Algunas de las acusaciones afirman que la actual directora de la OPS, la doctora Mirta Roses de Argentina, usa su cargo para ayudar a su hermano a obtener contratos para construir hospitales a lo largo de la región. Aunque los denunciantes permanecen anónimos, Canadá, México y el principal contribuyente de la organización, Estados Unidos, que cubre el 60 por ciento de los gastos de la OPS, consideraron las acusaciones suficientemente serias como para solicitar la auditoría. En una entrevista esta semana, Roses se negó a hacer cualquier comentario sobre las denuncias.
La situación se complica más y tal vez las posiciones se parcializan más por el hecho de que las tres naciones no apoyaron la candidatura de Roses a la dirección durante las elecciones de hace dos años. De hecho México, normalmente un país que paga a tiempo sus cuotas, no lo ha hecho desde entonces.
Incluso en medio de la controversia, la OPS ha continuado su labor para limitar la propagación del VIH/Sida, la tuberculosis y la malaria, y para proveer acceso más equitativo a la salud en América Latina, la región con la disparidad de ingresos más grande del mundo. Más recientemente la OPS ha movilizado expertos en desastres, médicos e ingenieros a países en el Caribe y Centroamérica devastados por recientes huracanes.
Sería trágico si la misión de la OPS continuara eclipsada por la actual polémica y un liderazgo cojo. Le corresponde a los ministros y a la misma Roses actuar decisivamente, lograr que México reasuma sus compromisos y mostrarle al personal un verdadero compromiso con las reformas. Y todo ello deberán hacerlo con prontitud antes de que alguien poderoso por fuera de la organización también empiece a sentirse insatisfecho.
La administración Bush, a pesar de las disputas con el Consejo de Seguridad, no ha dejado de pagar a tiempo sus cuotas a las Naciones Unidas. Estados Unidos se ha reintegrado también a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) después de una interrupción de 12 años y la semana pasada anunció que después de 11 años reingresará a la Organización Internacional del Café, algo por lo que los productores de café en América Latina habían presionado a Washington por años.
En otras palabras, Washington no ha estado huyendo de organismos internacionales. Pero en tiempos de tan graves riesgos como éstos ningún líder en cualquiera de dichos organismos puede darlo por sentado.
Las organizaciones internacionales de ayuda y desarrollo y sus líderes no pueden hoy perder de vista su misión y permitir que sus actos o inacción lleven a la distracción, la apatía o la frustración. Eso es, lo que está en riesgo en la Organización Panamericana de la Salud, la agencia internacional de salud más antigua del mundo