Alberto L. Alemán Aguirre
Nuestros vecinos del sur se sienten muy orgullosos de la paz, estabilidad y desarrollo social que han gozado desde que José Figueres y su ejército derrotaron a los calderonistas en 40 días en 1948, su última guerra civil. Es justo.
Sin embargo, las más recientes noticias de allá hablan de una crisis política y social.
Pugnas internas en el equipo de gobierno que han traído renuncias en cadena de ministros, amenazas de renovar bloqueos y marchas por parte de sindicatos, la incapacidad del Gobierno para resolver las demandas sociales y la evidente falta de un liderazgo efectivo de parte del Presidente, son algunos elementos del estado de cosas de hoy.
Lo que vemos es una especie de estallido de un proceso de combustión que se fue alimentando desde hace varios años.
Desde 1990, a pesar de conservar los índices regionales más elevados de gasto social en educación, salud y otras prestaciones, los sucesivos gobiernos han recortado ese gasto progresivamente, a tono con las exigencias del FMI y el Banco Mundial para con toda Latinoamérica.
En regulares sondeos del Latinobarómetro sobre el estado de satisfacción con la democracia en el continente, Costa Rica ha visto un descenso visible, en especial en los últimos tres años. Ha crecido el descontento y un número mayor de ticos incluso apoyaría un régimen de mano dura si trae orden. Aún así, se conserva un nivel alto de apoyo a la democracia.
La pobreza abarca hoy en Costa Rica al 20 por ciento de la población —un sector donde están miles de inmigrantes nicaragüenses—. Es un índice bajo, comparado a Nicaragua, donde esa cifra casi se cuadruplica, y con Honduras y Guatemala. ¡Pero es que Costa Rica ha sido el ejemplo de un estado del bienestar tropical!
Aunque a un nivel aún bajo, ha crecido la emigración tica hacia EE.UU. y Canadá; este último país ha impuesto restricciones severas a los ticos.
Hondamente impopulares son los planes de privatizar servicios públicos como el sistema eléctrico y las telecomunicaciones. En 2000, la administración de Miguel Ángel Rodríguez enfrentó las más duras protestas sociales en medio siglo ante sus planes de privatizar esos sectores y tuvo que echarse para atrás.
Si bien hoy hay una perspectiva de abrir una parte del sector telecomunicaciones, no es sino por el ultimátum dado por Estados Unidos en las negociaciones del Cafta, que amenazó con dejar por fuera a Costa Rica.
Y el país vecino cuenta con uno de los movimientos sociales mejor organizados contra la ratificación del Cafta. En Nicaragua, no se ha visto aún marchas como las de San José.
La Suiza centroamericana, como orgullosamente gusta ser llamada, ha tenido un Poder Judicial fuerte e independiente, y niveles de corrupción bajos en comparación con el resto de la región.
Si bien los tribunales son aún una institución que cumple bien su función, los escándalos de corrupción de la clase política se han multiplicado. Crece el hastío y la indignación con ésta.
La última perla es la asombrosa revelación de que un ex presidente, Rafael Ángel Calderón, heredero de una de las dinastías más poderosas de la política tica y caudillo del partido gobernante, pudo haber recibido casi medio millón de dólares como comisión por ayudar a una empresa a cerrar un negocio con la estatal Caja Costarricense del Seguro Social.
El escándalo es el siguiente capítulo de un bochornoso caso de corrupción en la CCSS que suena desde hace meses.
De ser verdad, el muy distinguido ex presidente Calderón se uniría a un club nada honroso formado por personajes como Arnoldo Alemán, Alfonso Portillo y otros.
Hay dudas sobre las finanzas de la campaña del presidente Abel Pacheco.
Como vemos, la Suiza de Centroamérica, tan orgullosa y que muchas veces mira por encima del hombro a sus vecinos, de verdad se hace cada vez más centroamericana.