Edgardo Jiménez López
El problema de la democracia en este país sólo tiene una solución: el voto uninominal. Sólo así el pueblo tendría verdaderos diputados que nos representen en la Asamblea Nacional, pues serían escogidos por sus electores y no por una plancha en la que los caciques premian a sus más obedientes colaboradores.
El pueblo es el poder soberano de una nación. Si el pueblo pide con fuerzas sus diputados tendrán que obedecer el mandato. La tercera vía debe convocar a una concentración pacífica y exigir una ley para que las próximas elecciones presidenciales y de diputados sean uninominales, y así cada ciudad, municipio, distrito o caserío, escoja a sus diputados, a los que conocen perfectamente y que esa ley exija que el electo viva y lleve por lo menos dos años de residir en su lugar de elección.
La Alianza por la República debe mover todos los hilos y convertirse en líder de los nicaragüenses para que el pueblo realmente ejerza ese poder que tiene en las urnas, y termine de una vez por todas con esa podredumbre llamada corrupción. Como decía el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Nicaragua volverá a ser República.