Tito Lagos-Bassett
La semana pasada estuve en unas conferencias de DR-Cafta (Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y Centro América y República Dominicana). Entre los exponentes estuvieron representantes de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, sirvieron de moderadores los embajadores de Nicaragua y El Salvador, cuyo presidente Antonio Saca tuvo una intervención.
El congresista demócrata Xavier Becerra aparentó una excesiva preocupación por el destino de los obreros centroamericanos, sus condiciones laborales, su seguridad, sus decrépitos beneficios de salud y el desordenado reglamento del medio ambiente de las naciones pertenecientes al mencionado tratado.
Se notó el desconocimiento total de ese señor, de la necesidad de empleos que tiene nuestra región. Se nota que jamás ha vivido en un país donde abunda el desempleo, que jamás ha sentido en carne propia el verdadero significado del hambre y la pobreza.
En toda la ida y venida de ideas en pro y en contra de los TLC, pienso en los miles y miles de compatriotas centroamericanos que siguen emprendiendo el viaje incierto hacia el norte, para buscar nuevas oportunidades, arriesgando la vida, desmembrando la familia, perdiendo amigos, despidiéndose de todos los elementos que le vieron nacer y crecer, sus tradiciones, costumbres y cultura.
Para los que nunca tuvieron que salir de ningún sitio para estar en Estados Unidos se les hace fácil manejar estadísticas y elocuentes palabras. Pero a los que están viviendo en tiempo real las necesidades, no hay que venirles con el cuento de que van a ser explotados porque ganarán menos que los trabajadores de los sindicatos americanos. Es bochornoso y ofensivo que se les hable así a los pueblos para quienes más bien sería una bendición tener la oportunidad de trabajar.
Si los opositores al Cafta logran que no prospere hay que prepararse a recibir millones de inmigrantes más en los años venideros.
Los Ángeles, California