- El conflicto entre rusos y chechenos se remonta al menos a un siglo y medio y está jalonado de sangre y represión
EL MUNDO.ES
Casi 13 años después de la desintegración de la Unión Soviética, el conflicto de Chechenia se ha convertido en la consecuencia más sangrienta de la difícil transición rusa hacia la democracia.
Éstas son algunas claves para comprender un contencioso con raíces políticas e históricas que ha costado la vida a más de 100,000 personas, la mayoría de ellos civiles.
¿CUÁLES SON LAS RAZONES DE TANTO ODIO INTER-ÉTNICO?
Los chechenos, uno de los pueblos más antiguos y aguerridos del norte del Cáucaso, ya se enfrentaron al Imperio Ruso y su expansionismo territorial desde el siglo XVIII, pero sobre todo durante el siglo XIX.
Entre 1855 y 1859, de la mano de Shamil —un imán que unificó a todas las etnias musulmanas de la región—, incluso llegaron a ser independientes. De aquella época proviene la fundación de la capital, Grozny (‘Terrible’ en ruso), un bastión de los cosacos.
En febrero de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, ocurre otro episodio que exacerbará durante lustros el odio de los chechenos hacia los rusos. Stalin les acusa de colaborar con Hitler y ordena su deportación masiva. Decenas de miles de hombres, mujeres y niños son trasladados a la fuerza a Asia Central y a Siberia.
El 50 por ciento de ellos muere de tifus por el camino. Sólo en 1957, con Nikita Jruschov, son amnistiados y pueden regresar a su hogar.
¿CÓMO Y CUÁNDO EMPEZÓ LA PRIMERA GUERRA CHECHENA?
Cuando la URSS daba sus últimos estertores, Dzojar Dudáyev, un general soviético destinado en Estonia, es elegido Presidente de la República chechena. Poco después, proclama la independencia. Moscú no reacciona e incluso se olvida del armamento soviético (tanques, piezas de artillería) que allí había estacionado.
Chechenia se transforma en la base de numerosos clanes mafiosos que actúan en la nueva Rusia. La gestión de Dudáyev es un fracaso: no se pagan las pensiones y la productividad es nula. En diciembre de 1994, los halcones del Kremlin aconsejan al presidente ruso Boris Yeltsin que ataque para estabilizar la región, frenar las tendencias separatistas en la Federación y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan por el Cáucaso.
La ofensiva acorazada se produce por tres frentes, pero choca con una fiera resistencia. Grozny padece un bombardeo intensivo que lamina su centro histórico. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y lanzan una eficaz guerra de guerrillas, acompañada de espectaculares acciones terroristas (las tomas de rehenes de Budionnovsk y de Kizliar). El desgaste ruso es imparable.
Aparece en escena Alexander Lébed, un respetado militar que consigue sentarse a negociar con el nuevo presidente checheno, Aslán Masjadov. Ambos firman la paz en agosto de 1996. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecen la retirada de los tanques del ex Ejército Rojo y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia. El plan supone, de facto, la autonomía total.
¿POR QUÉ FRACASÓ EL ARMISTICIO?
Masjadov comete el mismo error que Dudáyev: no frenar las disensiones internas. En 1999 el país es libre pero está al borde de la guerra civil. Los secuestros, el tráfico de armas y el robo de petróleo son moneda corriente.
Los grupos más radicales, capitaneados por el comandante Shamil Basáyev, toman el control. En septiembre, Rusia se despierta con tres atentados que dejan 230 muertos en una semana de horror. Vladimir Putin desata una amplia “operación antiterrorista” que aún no ha concluido. Comenzaba la segunda guerra chechena.
¿QUÉ PAPEL HAN JUGADO LOS INTEGRISTAS ISLÁMICOS EN LA GUERRA?
Decisivo. Basáyev es un wahabí confeso —como Osama Bin Laden— y ha combatido en varios frentes bélicos, incluido el afgano contra los soviéticos. No es extraño pues, que este señor de la guerra haya estado en algún campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán a partir de 1996.
Los chechenos son musulmanes sunitas. La guerra de 1994-1996 favoreció el desarrollo de una corriente radical proveniente de Arabia Saudita, el wahabismo, que sigue siendo muy minoritaria.
BRUTALIDAD RUSA
Quien manda en Chechenia son los generales rusos. Sus tácticas de operaciones de limpieza, robos indiscriminados, asesinatos, secuestros y tierra quemada parecen una copia literal de lo que el periodista británico Bechhofer describe en su libro de viajes a la región, In Denikin’s Russia and the Caucasus, 1919-1920, hace 85 años.
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