Javier GiraldoEFE
BARCELONA.- Patrick Kluivert ha puesto punto final a la relación de amor-odio que ha sostenido con el Barcelona durante las últimas temporadas, después de cerrar ayer su pase al Newcastle de Inglaterra, donde jugará las tres próximas temporadas.
Casi desde su llegada al Barcelona, (en septiembre de 1998, cuando el club le fichó procedente del Milán, apurando el plazo de inscripciones en la Liga), Kluivert ha sido acusado de ‘fallón’, de poco efectivo de cara a la portería, de no aplicar sus enormes recursos futbolísticos al gol o de preferir el adorno al pragmatismo.
Pese a ello, el delantero holandés ha presentado unas estadísticas más que correctas, promediando más de 20 goles por temporada y demostrando una implicación no demasiado habitual en los fichajes del Barca, reflejada, sobre todo, al ser el único extranjero en el vestuario que habla catalán.
Kluivert sólo ha acaparado esta temporada portadas por asuntos extradeportivos: su eterna lesión (un edema en la rodilla izquierda que se prolongó el doble de lo previsto), una denuncia interpuesta por las relaciones públicas de una discoteca, sus comentadas salidas nocturnas, su retraso en un entrenamiento o su supuesta visita a los carnavales de Sitges en plena recuperación de su lesión.
Más cuestionado que nunca, Kluivert no tardó en recordar a los más críticos que había aceptado bajarse el sueldo como una muestra de su amor al club. Como contestación, sus detractores argumentaban que era el jugador mejor pagado de la plantilla, pero que no lo reflejaba en el campo. Y a partir de ahí, pocos partidos, algunos goles y muchos silbidos desde la grada. En resumen, una situación insostenible.
ANTECEDENTES
18 años tenía Kluiver cuando marcó el que dio el triunfo al Ajax en la final de la Copa de Europa de 1995.
El Milán le fichó en 1997, pero su experiencia en el “Calcio” no fue buena y sus acciones bajaron.
Pasó al Barcelona, donde se convirtió en el quinto máximo goleador de la historia del club, con 123 tantos.