- Mala suerte, frustra a Suecia y ahora va contra Portugal
Edgard Tijerino M.
El vuelo de los ángeles, los aullidos de las fieras, el sonido de la furia, la multiplicación de esfuerzos capaces de mover montañas, todo eso juntaron suecos y holandeses en un electrizante cierre del tiempo extra, pero las intervenciones milagrosas y los reflejos de los arqueros Andreas Isaksson y Edwin Van Der Sar, la insistencia por desvanecer posibilidades de los postes y travesaños, los bloqueos tan angustiosos como precisos de oportunas acciones defensivas, inutilizaron en los últimos minutos, las gestiones consecutivas de Clarence Seedorf, Ruud Van Nistelroy y Philip Cocú por Holanda, y las de Henrik Larsson, Fredrik Ljunberg y Olof Mellberg por Suecia, para mantener un 0-0 mentiroso.
Ese marcador falso, sólo trata de ocultar la siempre presente capacidad de agresión de los dos equipos, vital para el disfrute de un gran espectáculo.
Así que, igual que el viernes, regresamos a la terrible incertidumbre y sufrimiento indescriptible de los penales.
Un método, que borra cualquier diferencia existente en estilo de juego, profundidad, valores individuales y temperamento, para colocar el futuro de ambos equipos, en manos de la suerte, como en cualquier casino de Las Vegas.
Ganó Holanda, sólo herida por el fallo de Cocú en los seis intentos desde los doce pasos, y perdió Suecia, afectada por el disparó sin control encima del larguero de Ibrahimovic, y la atajada de Van der Sar a Mellberg.
No, no es justo, pero es legal. Así lo establece el reglamento, y tenemos que resignarnos. Hay quienes todavía están llorando la derrota de Brasil ante Francia en la Copa Mundial del 86, cuando utilizándose éste tipo de definición, Sócrates falló ante Joel Bats, y luego lo hizo Julio César.
Holanda-Suecia fue un buen partido con suficiente atractivo y suspenso. Cierto, con equivocaciones consecuencia de la alteración de nervios producida por la intensidad de la presión, sin claridad en el medio, pero esencialmente ofensivo, generador de constantes emociones, como le gusta al público, como lo agradece el deporte.
No fue la Holanda de Cruyff, aquella que revolucionó el futbol en 1974 llegando a arañar la conquista de una Copa, pero desde entonces, los naranja que vistieron de blanco, han mostrado el apego a un estilo de vertiginosos desbordes, de rápidas entregas, de movimientos precisos sin el balón, de disparos sobre la marcha.
Suecia, supo plantarse, aguantar y contragolpear. Luego, sincronizó sus piezas y también se volcó, como lo hizo, espectacularmente, en los últimos minutos del tiempo extra.
Ese remate de Larsson que devolvió el horizontal, y el disparo de Ljunberg al poste, seguramente provocaron muchos infartos en Holanda, y cubrieron de lamentos a Suecia. Fue algo así como sacarle dos filetes de la boca espumeante, a un león embravecido. Justo cuando los holandeses multiplicaban sus plegarias buscando desesperadamente -como suele suceder en situaciones tan angustiosas- ayuda divina, se acabó el tiempo y se tuvo que ir a los odiosos penaltis.
La suerte se vistió de naranja y ganó Holanda 5 por 4. Marcador que quizás hubiera sido legítimo a lo largo de los 120 minutos de juego revisando posibilidades.
EL DRAMA
Por Suecia, Kallstrom de zurda, clavó la pelota debajo de Van der Sar en el rincón derecho de la valla holandesa y Van Nistelroy respondió con un taponazo de derecha que inutilizó a Isaksson 1-1.
El sueco Larsson fue a su derecha y Heitinga usó una fotocopia menos violenta para el 2-2.
Falló Ibrahimovic y Suecia sangró. Un disparo desviado encima del horizontal. Acertó Reiziger a su derecha, y Holando tomó ventaja 3-2
Que mala suerte. Ljunberg estrelló la pelota en el larguero, pero la pelota, de rebote, goleó la espalda de Van der Sar y entró 3-3. De inmediato, falló Cocu en reacción de Isaksson.
Vihelmsson y Makaay aciertan 4-4, antes que Mellberg, se sintiera tragado por la tierra al ver morir su intento en una atajada de Van der Sar.
Finalmente, Robben, coloca un dardo en el rincón izquierdo de Isaksson. 5 por 4.