Una visión general de la ganadería ovina de Nicaragua

Allan [email protected] En el año 2001 el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC) realizó, con cofinanciamiento de la Unión Europea, el III Censo Nacional Agropecuario (conocido como Cenagro) Este censo se realizó 30 años después de haberse levantado el censo anterior, cuyos resultados se perdieron con el terremoto de Managua de 1972. De ahí […]

Allan [email protected]

En el año 2001 el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC) realizó, con cofinanciamiento de la Unión Europea, el III Censo Nacional Agropecuario (conocido como Cenagro) Este censo se realizó 30 años después de haberse levantado el censo anterior, cuyos resultados se perdieron con el terremoto de Managua de 1972. De ahí la importancia de hacerlo y —sobre todo— de utilizarlo en la definición de políticas a todo nivel. El presente artículo tiene por objeto, pues, usar esa información para pintar un panorama general de la ovinocultura del país, contestando algunas preguntas:

¿A cuánto asciende ya la población ovina total de Nicaragua? ¿Cuántas explotaciones agropecuarias tienen un componente ovino a nivel nacional? ¿Qué peso relativo tienen ya en el contexto del total de explotaciones agropecuarias del país y de la población pecuaria del país? ¿Cómo están distribuidas esas explotaciones agropecuarias y ese hato por departamento? ¿Cómo varía el promedio de cabezas de ganado ovino por finca según departamento? ¿Cuál es el territorio de mayor concentración de la ovinocultura en Nicaragua?

Más adelante, en otros artículos, pretendemos ir contestando otras preguntas sobre el tema de la ovinocultura y el agronegocio ovino, seleccionándolas de entre las que nos hacen con frecuencia sobre el tema en diferentes espacios, sobre todo ahora que Cesade ha anunciado la pronta inauguración del primer matadero ovino del país.

La población ovina total del país era, al momento del censo 2001, de 29,903 ovejas, distribuidas entre 2,626 fincas, que poseen componente ovino en sus sistemas de producción, que a su vez son el 14.99 por ciento del total de fincas (199,549) censadas en el Cenagro.

Es decir, que según ese censo, de cada 100 fincas del país, prácticamente 15 tienen ovejas. Se puede decir, probablemente, pues, que contamos ya con una “masa crítica” que es la base para una expansión del rubro con puros mecanismos automáticos de mercado, aunque se necesita entre otros elementos, orientar todavía la calidad del hato y del manejo de los agro negocios ovinos, en toda la cadena de valor, y promover una mejor y más fluida relación entre oferta y demanda en el mercado.

La población ovina del país se concentra en lo que hemos denominado el “Triángulo Ovejero del Trópico Seco”, que está constituido por los departamentos de Managua, León y Masaya. Entre los tres concentran el un tercio de la ganadería ovina del país: el 33.9 por ciento del hato nacional ovino y el 29.1 del total de fincas que poseen ovejas en su sistema de producción. Es decir que —en números redondos— de cada diez ovejas del país (los 15 departamentos y las dos Regiones Autónomas), hay tres en el “Triángulo Ovejero”.

Analizando más detalladamente, notamos que hay mayor concentración en algunos municipios. Por ejemplo, sólo un municipio de ese “triángulo”, la Villa Carlos Fonseca, del departamento de Managua, tiene 89 fincas ovinas y un hato de 1,553 ovejas (mayor que el de seis departamentos del país, incluso que el de tres de ellos juntos, y que las dos Regiones Autónomas), con un promedio municipal de 18 ovejas por finca. Sólo Tisma le supera en población ovina, pero porque cuenta con la finca con el hato mayor del país.

El departamento de Managua concentra las cifras más altas. Le sigue el departamento de León y luego el departamento de Masaya. Ninguno de los municipios del “Triángulo” carece ya de población ovina, por poca que sea. A estos tres principales departamentos les siguen muy de cerca Rivas, Carazo, Granada, Matagalpa, y Chinandega, que rebasan todos la línea de las 2,000 cabezas de ganado ovino cada uno. Aunque siguen relativamente de cerca de los departamentos del grupo de mayor incidencia de la ganadería ovina, sorprende en cierta forma que Boaco y Chontales, departamentos ganaderos por excelencia, aún no tienen cifras muy altas, probablemente porque al parecer ningún organismo promotor los tiene dentro de sus prioridades para este fin.

Boaco tiene cerca de 2,000, seguido de la RAAN, quien sorprende porque a pesar de tener un entorno agro-ecológico que se pensaría no óptimo para estas razas ganaderas ovinas, tiene ya 217 fincas con componente ovino y casi 1,500 ovejas en total, con un promedio de siete ovejas por finca, probablemente porque, al contrario, sí cuenta con organismos que la tienen priorizada para la promoción de la crianza de ovinos. Les sigue Chontales con 133 fincas con componente ovino en su haber y un hato de 1,354 ovejas en total, con un promedio de diez ovejas por finca.

La RAAS por su parte tiene ya 166 fincas con componente ovino y 1,016 ovejas en total, con un promedio de seis ovejas por finca, a pesar de las condiciones similares a las de la RAAN. Muy por debajo de los anteriores departamentos y Regiones Autónomas, siguen Jinotega y Río San Juan.

En el fondo de la escala continúan en orden descendente los tres departamentos de la región de Las Segovias, en primer lugar Estelí, que tiene apenas 56 fincas con componente ovino y 372 ovejas en total, con un promedio de siete ovejas por finca; Nueva Segovia con 44 fincas con componente ovino y 346 ovejas en total, con un promedio de ocho ovejas por finca, y Madriz con 36 fincas con componente ovino y 290 ovejas en total, con un promedio de ocho ovejas por finca.

En todo caso, el Cenagro nos muestra que el rubro ovino es ya un componente de la producción agropecuaria nacional que con el promisorio panorama del mercado internacional y cierto mercado interno asegurado concitará el interés creciente de las familias consumidoras y tomadores de decisión de diferentes ámbitos. En este sentido, la próxima inauguración del primer matadero ovino del país vendrá sin lugar a dudas, a darle un significativo empuje a este rubro.

El autor es director ejecutivo del Cesade.

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