Franklin Bordas Lowery [email protected]
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La noche de las motosierras
Franklin Bordas Lowery
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El rugir nocturno de las motosierras apagaría el canto de los grillos a lo largo del país, si el Instituto Nacional Forestal (Inafor) cerrara operaciones. El fin de la regulación y el control de nuestros bosques parece ser el epílogo de una larga historia de lucha, que nació en la década de los ochentas, con el antiguo departamento del servicio forestal del Instituto de Recursos Naturales. Hoy el Inafor se debate en la crisis financiera más terrible de toda su existencia. Mucha responsabilidad adquirida conforme la ley No. 462 sin presupuesto para operar. ¿Qué va a pasar con el Inafor?
La Ley No. 462 crea una realidad virtual del Inafor. Mucho por hacer, sin recursos para operar. La ley presenta una especie de adefesio como líder de la regulación y el control de nuestros bosques, una gran cabeza pensando estratégicamente, sin miembros para caminar. La ley dice que “al Inafor le corresponde la vigilancia del aprovechamiento sostenible de los recursos forestales de la nación”, “ejecutar la política de desarrollo forestal”, “aprobar los permisos de aprovechamiento y conocer, evaluar y fiscalizar los planes de manejo forestal”. Grandes tareas y responsabilidades, pero… ¿cómo va a realizarlo si no le suministran los fondos para ello?
El Inafor necesita para cumplir su misión aproximadamente US $2.0 millones, que sólo Dios sabe cómo obtenerlos, porque aún nadie mueve un dedo en el Gobierno para buscar soluciones inmediatas. Mientras tanto, los madereros legales especulan sobre lo que sucedería con un cierre repentino de esa entidad.
Nadie puede negar que el Inafor hasta hoy ha evitado que la depredación y el crimen forestal consoliden su imperio en Nicaragua.
El problema es grande. Por un lado el sector privado forestal nunca ha aplaudido los mecanismos de control que el Inafor ha ejercido conforme su mandato de ley, por lo que no podría esperar un gran apoyo y la solidaridad masiva de dueños de bosque y empresarios forestales en estos momentos de crisis; y por otra parte la crisis de imagen que se manejó durante el 2003 como consecuencia del contrabando maderero, debilitó sus socios y las alianzas interinstitucionales dentro del Gobierno, por lo cual hoy se encuentra entre la espada y la pared.
La Policía pelea por su presupuesto anual aunque la delincuencia permanece y crece desproporcionadamente aún en contra de las estadísticas oficiales, y a nadie se le ocurre que podría cerrar. A nadie se le ocurre la peregrina idea de que el Ministerio de Educación pueda cerrar o que el Ejército, o el Ministerio de Salud etc. etc. pero parece que la idea de cerrar el Inafor no atemoriza a nadie. Parece ser que nadie se pregunta cuáles son los verdaderos logros de esta institución en su labor misionera de controlar nuestros recursos. El presupuesto del Inafor para ejecutar el plan operativo del 2004 es el equivalente a aproximadamente el 10% de las exportaciones anuales de productos forestales (1997) y se estima menor al 1% del PIB forestal anual, lo que proporciona una idea de que aún el presupuesto que requiere dada la importancia de sus objetivos, amerita mayores recursos.
Si el Inafor cierra, los bosques comenzarían a ser diezmados. Los incendios forestales volverían a ser moda, las plagas forestales se entronizarían. El comercio ilegal hacia Honduras, Costa Rica y otros países se profundizaría ilimitadamente; la mafia forestal echaría raíces en el territorio nacional; el Gobierno de Nicaragua alcanzaría ínfimas recaudaciones en concepto de impuestos; y por sobre todas las cosas, ni siquiera estamos en posición de calcular los daños ocasionados al medioambiente derivado por esos posibles desastres forestales.
¿De cuál plan de desarrollo forestal estaríamos hablando sin el Inafor? ¿De cuál estrategia? Es necesario que el Gobierno tome muy en serio el problema financiero del Inafor hoy, no mañana. No es recomendable que el Inafor deje de operar un mes siquiera por falta de recursos. Es necesario conformar una comisión del más alto nivel para tratar este problema. Las motosierras que apagan lo sonidos de la noche en el bosque con sus operaciones clandestinas, ya trabajarían de día sin el Inafor.
El autor es consultor en promoción de inversiones forestales.