- Producción de frutas y vegetales sin agroquímicos gana terreno en Nicaragua
Amparo Aguilera [email protected]
SANTA CARMELA, JINOTEGA.- La producción de vegetales orgánicos pica y se extiende en el país. En lo que va del año la Liga de Cooperativas de Estados Unidos (Clusa) prevé ampliar la comercialización, que actualmente se concentra en Managua y León, por lo menos a Masaya, Jinotega, Matagalpa y Granada.
Pero para esto paralelamente extenderán la producción orgánica a Chinandega con lo que se registrarían cinco zonas dedicadas a la producción sin agroquímicos.
Para Carlos Sánchez, funcionario de Clusa en Nicaragua, esta expansión servirá para materializar el otro gran sueño: el abastecimiento del mercado extranjero.
Sánchez comenta que para lograrlo ya están planeando aglutinar a 240 productores. Es decir incluirán a 160 agricultores más en los cultivos. “De manera que de 250,000 y 300,000 córdobas mensuales que se genera con la producción y comercialización de vegetales actualmente, para entonces estaremos recogiendo entre 900,000 y un millón de córdobas al mes con exportaciones a mercados como Costa Rica y El Salvador”, pronostica.
Aunque está claro que primero deberán capacitar “arduamente” a los agricultores locales, que en su mayoría prefieren el manejo convencional en sus cultivos.
“Porque a ellos les resulta más fácil sembrar de una sola vez, que hacerlo de semana en semana”, coinciden José Augusto Dávila y Fausto Quintanilla, productores jinoteganos que desde hace tres años cultivan hortalizas orgánicas como lechugas, zanahorias, remolachas, cebollín, repollo chino, espinaca y bróculi.
PURO AJETREO
Según los productores, ellos al menos deben realizar entre tres y cuatro aplicaciones de abono orgánico como gallinaza, vinagre de madera, vinagre de frutas y bocachi por cultivo.
“Y sembrar semana a semana para garantizarles los vegetales al mercado. Se trabaja bastante, sobre todo la tierra que se remueve artesanalmente y no con motocultor como se hace en otros países, razón por la cual las hora de trabajo se extienden a cinco, cuando con una máquina se puede hacer en 15 minutos”, expresa Quintanilla.
Aunque en esto recibe apoyo de Rafael Cajina, el técnico que aporta Clusa para asegurar las normas de calidad en los cultivos, pues los vegetales deben cumplir con cierto peso e inocuidad.
“Por ejemplo deben garantizarle a la lechuga un peso entre 10 y 12 onzas; el cebollín debe contener 18 unidades por manojo; la espinaca debe pesar ocho onzas”, precisa.
Además dice que deben lavarlas, y desinfectar los vegetales, por 40 partes por millón de cloro en agua, para luego empacarlos bajo la marca Small Farmers, el canal de comercialización.
Para conseguirlo, los productores junto con Clusa cuentan con el Centro de Lavado y Empaque donde siete mujeres, todas madres de familia, usualmente de siete de la mañana a dos de la tarde, se dedican a lavar, desinfectar, pesar y empacar un promedio de 1,500 unidades de vegetales a la semana, ganando con ello entre 50 y 60 córdobas al día, a como refiere Liseth Dávila, responsable de control de calidad en el centro.
Ya con esto, Clusa se encarga del traslado y la puesta en el mercado local. Porfirio González, gerente de la tienda Small Farmes, señala que mueven 10,000 unidades al mes. “Aunque en total movemos en el mercado 40,000 unidades procedentes de Jinotega, Estelí y Boaco alcanzando los tres millones de córdobas anualmente, y generando 120 empleos indirectos”, detalla.
Esas unidades las comercializan en supermercados La Colonia, hoteles y restaurantes de lujo en la capital.
En este negocio Clusa obtiene un 12 por ciento en utilidades y los agricultores un sobreprecio, pues por unidad se les paga 3.50 córdobas. “En otras palabras 2.50 córdobas más de lo que obtendrían cultivando vegetales con químicos”, puntualiza Sánchez.
Es así como Dávila, aparte de recuperar su inversión, que generalmente contabiliza en 500 córdobas, obtiene entre 300 y 400 córdobas de ganancia. Mientras Quintanilla, logra el 25 por ciento, sobre 800 córdobas de gasto.