Fraternalmente

Gioconda Belli Hay varias maneras de argumentar. La menos feliz de ellas es aquélla que para restarle validez a un mensaje, intenta descalificar al mensajero. Lamento que haya sido mi hermano Humberto quien utilizara este recurso. No le luce a alguien que se precia de defender los valores sagrados de la familia usar estos vínculos […]

Gioconda Belli

Hay varias maneras de argumentar. La menos feliz de ellas es aquélla que para restarle validez a un mensaje, intenta descalificar al mensajero. Lamento que haya sido mi hermano Humberto quien utilizara este recurso. No le luce a alguien que se precia de defender los valores sagrados de la familia usar estos vínculos para descalificar a quien no piensa como él. “Eso no se hace, Humbertito” hubiera dicho mi mamá.

Espero que esta polémica pueda retomarse de una forma adecuada, sin golpes bajos, ni alusiones personales y sobre todo sin que se convierta en la disputa de dos hermanos que, como tantos en Nicaragua, tienen posiciones políticas diversas. El tema que se trata de abordar rebasa el protagonismo personal de nadie y por tanto rechazo la idea de situarlo a nivel de escaramuza familiar.

De mi historia hay poco que contar que no lo haya contado yo, pero me disgustan ciertas tergiversaciones, como decir, por ejemplo, que, en EE.UU., vivo en Beverly Hills cuando vivo en Santa Mónica, que mi ingreso —que es absolutamente honrado y ganado con el sudor de mis manos— es mayor que el de algunos afiliados al Opus Dei, cosa que dudo; o que en mi casa (en Managua) comimos filete de res en Navidad cuando en realidad ¡comimos un suculento pavo!

Creo que no fui yo quien se equivocó otra vez.

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