- Siendo adolescente, con apenas quince años de edad, Javiera del Pilar Rivera Carballo, enamorada de un joven impetuoso llamado Ricardo Mayorga —que soñaba con ser campeón mundial algún día—, recogió sus cosas, abandonó su hogar y se fue a vivir el amor de su vida. La historia de esta pareja, sin embargo, no tuvo final feliz
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
II ENTREGA
Han pasado ya nueve años desde aquella aventura, hay dos bellas niñas y una separación de por medio, y ha corrido mucha agua bajo el puente.
Javiera del Pilar ha propinado un nocaut moral a Mayorga. El campeón que prometió fundar un burdel con sus primeras ganancias y que se metió en líos con la Policía por el gusto por las carreras ilegales de automóviles, ha sido denunciado por ser un padre que no cumple con sus responsabilidades.
Ella lo recuerda impulsivo. Intolerante: no se le podía contradecir en nada. Ahora no llama a sus hijas. Cuando ganó la última vez ante Forrest mencionó a “sus hijos”, pues tiene un niño con otra compañera. Javiera pelea por una pensión alimenticia ajustada a sus nuevos ingresos. Él se ha negado a ofrecer un arreglo y la insulta en público cada vez que puede.
Lo recuerda hiperactivo e incansable. “No se puede sentar a platicar con alguien”. Es ingobernable. Imparable. Escurridizo. “Gasta una energía como de diez hombres juntos”, agrega. Mandón. Impulsivo. Piensa y reacciona de inmediato. Piensa-actúa. “Raja sin tuquear”. Tiene un ímpetu increíble. Es casi imposible hacerlo razonar. Así lo describe.
La mamá de Javiera del Pilar nunca estuvo de acuerdo con esa relación. “¡Con ese loco no me la casan!”, decía desesperada. ¿Las razones? A su juicio era mujeriego, vago, sin oficio. Un “aplanacalles”.
“Mi mamá lo mantuvo un tiempo”, recuerda y dice que desde antes que se metiera con él, le advertía: “¿Sabés a lo que te estás metiendo?” No, no lo sabía. Desatendió los consejos de una madre, los más sabios del mundo. Pero ahora, años después, sí sabe a lo que se metió.
Javiera rememora que Ricardo Mayorga le prohibió que continuara sus estudios porque pensaba que la mujer debe dedicarse al marido, al cuido del hogar y de sus hijos.
Prefiere no contestar si recibió agresión física alguna vez. “Si él decía que eran las seis de la mañana, así fueran las dos de la tarde, había que darle la razón… porque de lo contrario… ”.
Las niñas, de entre cinco y seis años vieron la última pelea de su padre, calladitas, se agarraban los deditos, se aprisionaban las manos, una de ellas acabó con sus uñas y la otra se dormía a ratos, para despertar cuando la llevaban al dormitorio e insistir que vería la pelea hasta el final. Desde antes del combate, la más avispada retaba a apostar a los vecinos a quienes imprecaba: ¿Con quién vas? ¿con mi papá o con Forrest?… al final de la pelea, nadie la aguantó en el vecindario: “¡Vieron que ganó mi papá!”, les decía.
Javiera ganó a medias la demanda de pensión alimenticia. La Juez dictó sentencia para que se reforme la pensión pero sólo de tres a cinco mil córdobas mensuales. Una poquedad en comparación con los 750 mil dólares que se supone fue su última bolsa.
Ella le advierte a Mayorga: “Yo quiero que recuerde algo, que uno no sabe a dónde va a parar el día de mañana, y la mayoría de boxeadores paran mal. Terminan con las manos volteadas, vacías las bolsas, que recuerde que por lo menos sus hijas le van a dar la mano porque yo nunca les he inculcado mal amor hacia él, le van a brindar la mano y no le van a dar la espalda”.
SU ESTILO ES NO TENER ESTILO
Alexis Argüello y Ricardo Mayorga se han tenido ganas. No se han medido en el cuadrilátero, ni lo harán nunca, pero ya han intercambiado golpes a través de los medios de comunicación. A Mayorga no le han gustado las críticas de Argüello, tricampeón mundial de boxeo, a lo que considera es la poca calidad del boxeo contemporáneo. Dijo que Oscar de La Hoya ni como sparring habría servido en sus tiempos y minimizó a los actuales campeones nacionales. Mayorga contragolpeó: “Cuando una persona consume mucha droga se le queman los glóbulos rojos y queda jodido de la mente”, dijo, y remató: “Es un viejito payaso porque no se ha dado cuenta que el boxeo se desarrolla tan rápido como el mundo”.
Días después, Mayorga se disculpó. “Quiero ofrecerle mis disculpas a Alexis. Muy claro estoy que fui grosero con él. Así que si en algo lo ofendí, espero que acepte mi disculpa de corazón”.
¿Quién es Ricardo Mayorga para Alexis Argüello? Si bien reconoce que ha logrado “la mayor hazaña” en la historia del boxeo pinolero, al imponerse en la célebre división welter, Argüello piensa que la valentía de Mayorga ha estado acompañada de suerte. El triunfo de Mayorga, dice, “es un regalo de Dios”. ¿Por qué? La industria del boxeo en su afán de ganar plata, asevera Argüello, está permitiendo que boxeadores con apenas diez peleas disputen un título mundial. Mayorga, por ejemplo, no se ganó el derecho a pelear un cinturón, dice Argüello. No es un peleador mediocre, aclara, pero recuerda que, por ejemplo, él hizo 55 peleas antes de tener la oportunidad de disputar un título. Mayorga hizo 28 combates.
¿Cuál es el estilo de Mayorga? La respuesta es tan demoledora como uno de sus jabs: “Mayorga no tiene estilo”. El campeón, sin ánimos de entrar en polémicas, explica que no es ni técnico, ni fajador, ni contra- golpeador o agresivo. “Tiene valentía”, acota, “pero no tiene un estilo descifrado”. A su juicio, el futuro de Mayorga, un fajador nato, es volverlo contragolpeador “para hacer fallar a sus rivales y contragolpear”, lo cual requeriría mayor dedicación.
En su última pelea Mayorga lució como un peleador callejero, bravo y matador, pero sin armonía de estilo. Será porque ese es su estilo. Y porque no necesita de más. Hasta ahora.
Más allá del problema del estilo, a Argüello le preocupan los “desmanes” de Mayorga fuera del cuadrilátero, donde el campeón es el rey de los encabes. Piensa que como campeón su responsabilidad es ser un ejemplo para la juventud. El historial de Mayorga está lleno de perlas: agresiones a un oficial de Policía, acusaciones judiciales de exposición de personas al peligro por participar en carreras de autos, una acusación por agredir a una mujer dueña de un billar porque ésta le cobró 7,500 dólares de una antigua deuda, una demanda de pensión alimenticia entablada por su ex compañera y también sufrió una denuncia por la falta de pago de la renta de una casa. Ningún juez lo ha declarado culpable de nada pero se ha ganado el repudio del público.
“Al peleador hay que barnizarlo física, mental, y; lo más importante, cívicamente”, insiste Alexis.
Según Tijerino, “da la impresión que nunca aprenderá, que no le interesa manejar la humildad”.
Mayorga es más “tapudo” que nadie. Aunque un “tapudo” que cumple. Al final de la última pelea con Vernon Forrest admitió que no toma tragos ni fuma puros como pareciera, porque todo es “pura jodedera”. Pero fuma de manera incansable y maneja como desesperado por las calles de Managua.
El vaticinio de Alexis sobre Mayorga no es optimista: “Este muchacho, sin el barniz técnico, físico y cívico, desgraciadamente va a terminar en una calamidad”. Alexis, quien alguna vez cayó en el consumo de drogas, sabe por qué lo dice.
Mayorga le recuerda a Jack Jonson, el primer negro campeón de pesos pesados que se casó con una mujer blanca y cuya vida fuera del cuadrilátero se hundió en un desastre, aunque era un campeón de los grandes y los fanáticos del boxeo mundial no olvidan su victoria en el décimo quinto round frente a Jim “La Gran Esperanza Blanca” Jeffries, en Reno, Nevada. Y también le recuerda a Mike Tyson, quien por buscalíos fue a dar a la cárcel.
Para Alexis, Mayorga es sinónimo de fortaleza nata, coraje, alguien que con más dedicación y una vida gobernable, podría llegar a ser un mejor campeón. Pero, se pregunta: “¿Quién lo podría hacer entrar en razón?”.
Hasta ahora, solamente el dinero lo hace entrar en razón. Se le intentó entrevistar para este perfil, pero siempre dio excusas, y por último, su abogado, Carlos Gutiérrez, mandó a decir que Mayorga se preguntaba cuánto le pagaría LA PRENSA por la exclusiva, pues de lo contrario, no daba la entrevista y se la ofrecería a la revista internacional ESPN. “Ricardo demostró que el dinero lo es todo para Él”, dijo en una ocasión su ex apoderado en Costa Rica, Efraín Vega, cuando rompió con él. Y aparentemente, tiene razón.
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