- En las comunidades de Río Coco hay una escasez general de medicamentos y algunas entidades están organizando a los curanderos para que
asistan con hierbas a los
pobladores. La gente migra al país vecino en busca de atención sanitaria
Douglas Carcache
WASPAM, NICARAGUA.- Nicaragüenses de la etnia miskita han optado por cruzar a territorio de Honduras, para que les atiendan los problemas de salud en los centros públicos de ese país, porque en sus comunidades faltan las medicinas.
En la aldea nicaragüense de Santa Isabel la gente prefiere ir a Puerto Lempira, en Honduras, para que le atiendan sus enfermedades, aseguró el sacerdote católico César Downs. “Es triste ver cómo sufren los niños —relató—. Cuando llego, los pobladores me dicen: ‘Nos estamos muriendo. ¿No trajo pastillas para la malaria?’”
Los indígenas que habitan en la parte alta del Río Coco, cuya ribera norte sirve de frontera, son los que más buscan salud en Honduras, en los poblados de Pranza, Suhí y Rus Rus, confirmó Flordelina Fenli, promotora del organismo no gubernamental Acción Médica Cristiana.
“Por necesidad la gente va a Honduras, porque en los puestos de salud no hay medicamentos”, dijo Fenli, quien ha participado en la organización de 42 curanderos para resolver algunos problemas con medicina tradicional, a base de hierbas.
SÓLO HAY EDIFICIOS
Manicia Montoya, madre de seis niños, cruza a Honduras desde la comunidad nicaragüense de Leymus. “Cuando tengo reales voy, allá es más barato”. Entre los comunitarios comentan que por cinco córdobas han recibido atención y medicinas en clínicas hondureñas.
En la ribera sur del Río Coco hay 108 comunidades donde faltan las medicinas. “Están las infraestructuras, lindas infraestructuras que continuamos construyendo, pero las farmacias están vacías y las enfermeras no tienen la mano divina para curar”, declaró Santos Manzanares Omeir, secretario del Concejo Municipal de Waspam.
Los miskitos nicaragüenses caminan unas tres horas para llegar a Rus Rus o Puerto Lempira, en busca de atención médica, aseguró Manzanares, quien se queja de que el Gobierno Central ha retrasado el desembolso de 718 mil córdobas para inversiones en salud, prometidos a Waspam como parte del programa contra la pobreza extrema.
“Por Esperanza y Santa Fe, por Suhí y por Pranza, se van a Rus Rus al hospital en busca de atención médica. A Puerto Lempira también, van por tierra”, indicó el funcionario.
El director del Centro de Salud municipal de Waspam, Melvin Espinoza, asegura que ha recibido desembolsos de ese programa especial, pero le han retrasado en Managua las entregas de medicamentos debido a los procesos de cotización.
Las medicinas que envía el Ministerio de Salud (Minsa) a las comunidades miskitas de Río Coco duran tres días y a veces una semana en llegar, mientras la gente padece allí malaria, infecciones gástricas y respiratorias, dijo Flordelina Fenli.
Existen 41 puestos de salud en la zona, de los cuales once disponen de médicos y siete de enfermeras profesionales para atender a una población de casi 50 mil habitantes.
Espinoza sabe que los miskitos nicaragüenses cruzan a buscar ayuda médica a Honduras, pero cree que es una cantidad pequeña. “Hace dos o tres años había más tráfico hacia Rus Rus, porque los atendían en un hospital que ahora están remodelando”, explicó.
Atribuye esa migración a que “la mayoría de esta gente estuvo refugiada en Honduras”, durante la guerra de Nicaragua de los años 80.
Para el año 2003, el sistema de salud de Waspam había pedido un presupuesto de 16 millones de córdobas, con el que invertirían un promedio de 300 córdobas por habitante, pero en Managua sólo les aprobaron la mitad.
Para cubrir algunas necesidades han recurrido a la ayuda de los proyectos de cooperación externa que llegan a la zona, con lo que han logrado mantener la mortalidad infantil entre 33 y 40 niños por cada mil nacidos vivos, ya que hace seis años el índice de niños muertos era de 50 o más, dice Espinoza.
La enfermera Guillermina Lacut trabaja para la clínica de las Hermanas de Santa Inés, en Waspam, capacitando a parteras y líderes de salud en las comunidades. “Son pocas las medicinas que vienen aquí —asegura—. Las que les dan a los centros de salud son poquitas, por eso nos esforzamos en educar a la gente para que prevengan”.
NUTRIR A LOS NIÑOS
Con el atractivo de darles un plato de comida, un nuevo programa de asistencia externa comenzó a reunir a 1,522 niños de Río Coco, incluidos los menores de tres años, en centros comunitarios. El propósito es romper el círculo de la pobreza, con educación, nutrición y salud preventiva.
Lo llaman Programa de Atención Integral a la Niñez (Painin) y este año han invertido 400 mil dólares, aportados por Noruega, Holanda y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Cada mes las promotoras revisan el peso y talla de los niños más pequeños y cada tres meses de los más grandes, para cerciorarse de que están más nutridos y menos enfermos.
El próximo año podrían ser 2,500 los niños atendidos por este programa, pero aún así quedarían más de cuatro mil sin asistencia, sólo en las 18 comunidades principales de Río Coco Arriba, explicó Cecilio Ponce, gerente de proyectos de Alistar, el organismo no gubernamental que ejecuta el programa.