El hombre entró al lugar caminando con suma tranquilidad. Iba vestido todo de blanco pero no era la blancura de su traje la que irradiaba algo especial: era su persona. Recorrió el sitio con su mirada y, mientras lo hacía, la tristeza se apoderaba de sus ojos. El lugar, su lugar, había sido transformado y, en vez de inspirar respeto o llamar al recogimiento, servía para algo magnificado por los alteradores de la verdad. El hombre sintió dos dolores. Uno, ver su lugar deformado; dos, tener que tomar una decisión que le dolería más a él que a los demás: Usar un látigo para sacar a los mercaderes…
Pero así es la vida. Hay decisiones que son duras de tomar y, sin embargo, se toman cuando hay un COMPROMISO VERDADERO con la obtención de algo bueno, de algo decente. No obstante, en los llamados poderes del Estado ese compromiso parece no existir… Siguen las muertes causadas por la irresponsabilidad extrema de ciertos buseros. ¿Hasta cuándo va a seguir? ¿Hasta cuándo el conductor de la «Nueva Era» va a dejar de tener miedo a la toma de decisiones? ¿Qué espera para decirle al comisionado Cordero que ponga orden, que acabe con esa matanza disfrazada, o de lo contrario pierde su puesto? Siguen también las irreales tasas de interés. ¿Qué espera el habitante de El Raizón para ordenar al presidente del Banco Central que diseñe una política monetaria en la que los bancos, en vez de ser beneficiarios de los instrumentos financieros del BCN, orienten sus recursos a la producción y trabajen por y para el país? ¿Qué espera el Presidente de Nicaragua para zangolotear al Ministro de Hacienda para que el presupuesto sea un instrumento de desarrollo, ordenado y sustentado por planes y programas de trabajo? ¿A quién pedir para que haya salarios acordes con las condiciones del país y no con las cuotas de poder de los funcionarios públicos, como muy bien expresaba José Luis Medal en su artículo de opinión?
¿Cuándo tendremos una Asamblea Legislativa que legisle por la justicia y el desarrollo en vez de respirar por las narices de los dictadores de Nicaragua? ¿En qué momento se inspirarán los diputados para hacer leyes que transpiren decencia? ¿Cuándo tendremos justicia en vez de interpretaciones amañadas de la ley? ¿Cuándo brillará la razón en vez de la plata o los chanchullos en los juzgados del país? ¿Cuándo tendremos elecciones libres con candidatos surgidos del pueblo y que efectivamente lo representen? ¿Cuándo tendremos COMPROMISO REAL con el pueblo de Nicaragua, un pueblo pobre, sin trabajo, mal nutrido, enfermo y, aún así, con la mirada limpia y esperanzada?
¿Hasta cuándo el miedo y la mentira van a gobernar a este país? ¿Cuándo se atreverán, por amor a su pueblo, por consecuencia con los principios, a sacar el látigo de la justicia? Es cierto que cada hombre —como decía Pedro Joaquín— es dueño de su propio miedo, pero eso significa que también es dueño de su propio valor. La cuestión es dejarlo salir. Selah.