Máximo Castillo
Recientemente un grupo de ex comandantes de la Resistencia Nicaragüense manifestó la iniciativa de demandar al Gobierno de los Estados Unidos una indemnización para los ex combatientes de la Contra, que por más de ocho años fuimos apoyados por ese Gobierno en nuestra lucha por la reinstauración de la democracia, la paz y la libertad del pueblo de Nicaragua.
Otros ex comandantes de la Resistencia opinan que no hay que presentar dicha demanda porque entonces seríamos mercenarios. La verdad es que nosotros fuimos apoyado por los Estados Unidos y parte del presupuesto y de las políticas de ese país. Era el Congreso Norteamericano el que aprobaba las partidas económicas para la lucha, o sea, no era un norteamericano en particular sino el Gobierno de los Estados Unidos, de manera oficial, el que enviaba la ayuda a los “freedom fighter” (combatientes de la libertad), como nos llamaban Ronald Reagan y George Bush (padre). Inclusive, una vez el presidente Reagan llegó al Congreso de los Estados Unidos a solicitar la ayuda y en un discurso expresó: “I’m contra too” (yo también soy contra).
Demandar una indemnización a los Estados Unidos y que nos reconozca como veteranos de guerra es justo, reclamarle al Gobierno de Nicaragua que cumpla a cabalidad con los acuerdos de desmovilización suscritos en 1990 con la Resistencia Nicaragüense, demandar nuestras reivindicaciones sociales y respeto a nuestra identidad y nuestra lucha, no es ser mercenario.
También es justo que el Gobierno de Nicaragua apruebe lo antes posible dos proyectos de ley en beneficio de los ex combatientes de guerra, tanto de la Resistencia Nicaragüense como del Ejército y del Ministerio de Gobernación, los cuales duermen el sueño de los justos en la Asamblea Nacional.
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