- Con sus cajas de lustrar en hombros, más de una docena de niños
jalapeños “emigran” a Ocotal en busca del “rial”. Viajan al “raid” y duermen donde les agarra la noche, sin la protección de los defensores de la niñez
Amparo Aguilera [email protected]
OCOTAL, NUEVA SEGOVIA. Son las diez de la noche. Es viernes y los kioscos del viejo hospital de Ocotal, ciudad ubicada a 226 kilómetros al Norte de Managua, recobran la vida del día que se está yendo.
Johnny Ariel Toruño aparece con su colocho en la frente y su caja de lustrar en hombros. Lo acompañan dos menores más que no sobrepasan los 14 años. Uno carga varios pedazos de cartón que delatan su condición de forastero y el otro una manta, que consiguió en una gasolinera.
El “trío”, cada vez que llega a Ocotal, recorre con desgano el contorno de las casetas hasta detenerse en una de Coca Cola, hecha de concreto. Bajan la carga y alinean en el suelo los cartones.
Toruño, el calzado del grupo, se quita su único par de zapatos y los ubica en la planicie de la pared, que casi toca el techo de zinc. Mientras, sus compañeritos extienden sus cuerpos en los cartones recién puestos. Toruño se les une luego.
Pero no logran “agarrar” el sueño. Aparentemente el frío, que se cuela en la noche, les impide el descanso. Aunque las once horas de trabajo diario acaban haciendo lo suyo.
Pablo Vicente Rodríguez, otro lustrador originario de Jalapa, tiene “mejor” suerte. Él pasa las noches en el corredor de la filial de Cruz Roja Nicaragüense, donde le garantizan una camilla un poco arruinada y una colchita.
Julio Ríos, celador de la filial, dice que el chavalo tiene “buen juicio” y “por eso le va mejor; hasta es puntual con su dormida, él siempre se aparece por aquí (Cruz Roja) a las 9:45 de la noche”, comentó.
Rodríguez, por lo menos en los próximos cinco días tiene asegurada esta opción. Pero Toruño y su dúo sólo podrán elegir entre las bancas del Parque Central de la ciudad y los tramos del Mercado Municipal.
BUSCAN EL “RIAL ”
Desde hace más de dos meses, estos cuatro niños migran entre Jalapa y Ocotal en busca “del rial”. Cuentan que en Jalapa los clientes, son escasos. “Un amigo tuvo la idea de venir aquí (a Ocotal) y decidimos arriesgarnos, porque aquí a los diez días nos ganamos 250 córdobas, mientras en el pueblo (Jalapa) hacemos 100 córdobas, cuando los días son buenos”, relata Toruño.
Los chavalos comentan que viajan al “raid” cada dos semanas de Jalapa a Ocotal. “Salimos de madrugadita (entre 1:00 a.m. y 5:00 a.m.) y nos ponemos en grupos de tres, cuatro y hasta catorce chigüines (entre 10 y 14 años) en la salida del pueblo. Allí le estiramos el dedo al primer carro que vemos: furgones, camionetas, camiones…”, corrobora apenado Rodríguez.
Toruño agrega que para compensar el viaje gratis hasta descargan mercaderías. “En el último viaje (a mediados de septiembre) tuvimos que descargar 250 cajillas de tomates antes de salir hacia Ocotal, donde llegamos a las cinco de la mañana”, recuerda el menor.
Puestos en la ciudad, ellos recorren lo que llaman “blancos”: mercado, parque central, granero y calles principales. “A la Cotran (Cooperativa de Transportes del Norte) no vamos, porque allí los lustradores son enojados”, agrega Toruño.
Sin embargo, con los 17 lustradores del Parque Central la relación es diferente. Con ellos los niños jalapeños comparten la jornada laboral: mientras los lustradores ocotaleanos trabajan de siete de la mañana a tres de la tarde, los jalapeños lo hacen de tres de la tarde a nueve de la noche.
Con este ritmo, recogen al día 30 córdobas, de los cuales destinan entre ocho y diez córdobas a la comida, ya que en el desayuno sólo consumen un café, un córdoba de mantequilla y una pieza de pan, en lo que gastan dos córdobas.
En el almuerzo sólo digieren una bolsita de chanfaina (menudencia de cerdo), que vale un córdoba, más un córdoba de tortillas y una bolsa de fresco, también de un córdoba. En la cena repiten la comida del mediodía.
Algunas veces, uno que otro lustrador consigue comer carne, arroz y tortilla porque algunos jalapeños asentados en la ciudad, les regalan el almuerzo.
Con el baño son prácticos. “Nos venimos de Jalapa sólo con una mudada (la puesta) que lavamos día de por medio en el Río de la Muerte (que corre cerca del barrio Sandino en Ocotal) cuando vamos a bañarnos”, confiesa “Juan”, quien pidió omitir su nombre verdadero.
Esto les lleva menos de una hora porque se bañan y lavan su ropita sólo con agua. Aparte, la mayoría caminan descalzos y lucen la cabeza pelada por las rasuradas.
SIN PENA NI GLORIA
En Ocotal, igual que en el resto de los 151 municipios nicaragüenses, el trabajo infantil ya no asombra. Según el Instituto Nicaragüense de Promoción Humana (Inprhu) de Ocotal, más de 800 menores se dedican a labores varias: unos venden tortillas, otros enchiladas; algunos comercializan plantas ornamentales; otros se apuestan en la terminal de buses de la ciudad para lustrar zapatos o cargar las maletas de los pasajeros y hasta sacos de mercadería. Esto depende de dónde ganen más.
Sus edades oscilan entre los 6 y 17 años. La mayoría no sobrepasa la educación primaria y proceden de familias numerosas de hasta ocho miembros, cuyas viviendas se ubican en asentamientos o en barrios periféricos, en pobreza extrema.
Según sus testimonios, su trajín laboral cuenta con el visto bueno de sus progenitores, a quienes aportan entre cinco y 20 córdobas diarios. Contrario a lo que se podría pensar, buena parte parece tener “conciencia” de apoyar al hogar o al menos parecen “resignados” con su realidad.
Para los chavalos lustradores, la situación es dura. “O trabajas o no comés”, comenta Henry Saúl Rodríguez, de 17 años, pero con diez en el oficio.
Rodríguez cuenta que él trabaja de siete de la mañana a 5:30 de la tarde en la Cotran, junto a nueve menores más que en los días “buenos” consiguen diez clientes como mínimo, obteniendo por cabeza entre dos y tres córdobas por cliente, según el tamaño del calzado.
Es decir, ganan en promedio 30 córdobas, de los cuales 10 destinan a sus necesidades alimenticias y el resto a los gastos de la familia, que también se limitan a la comida: una libra de arroz, una cuarta de aceite y dos libras de frijoles por día.
JALAPA: MERCADO POBRE
El chavalo dice que su “negocio” es rentable “porque hasta en los días malos (de lunes a miércoles) se gana su poquito (de 15 a 20 córdobas)”. Para él todavía no hay escasez de clientes.
No obstante, para más de un centenar de niños lustradores de Jalapa los días malos abundan. “Ni en el mercado ni en la Cotran conseguimos clientes. Aquí hay una palmazón desde hace año y medio por eso es que más nos estamos yendo para Ocotal”, reitera Toruño después de afirmar que sus mamás les dan permiso para “emigrar”.
Otro punto en contra en Jalapa, son los precios que cobran por el servicio. Mientras en Ocotal el par de zapato “grande” para lustrar tiene un valor de tres córdobas, en Jalapa es de dos córdobas.
Esa diferencia también es apreciable en el par de zapatos pequeños, porque en Ocotal tiene un costo de dos córdobas, pero en Jalapa es de un córdoba. Lo común entre ambos grupos de lustradores es el costo de inversión, ya que en total gastan 25 córdobas en promedio, tomando en cuenta que una pasta de lustrar y la anelina las gastan en tres días.
LLAMADO AL MITRAB
Carlos Emilio López, procurador especial de la Niñez y la Adolescencia, dijo desconocer la situación de los menores lustradores, originarios de Jalapa. Sin embargo hizo un llamado a la Comisión Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil y a la Inspectoría del Trabajo Infantil, para que resuelvan este problema.
¿QUIEN AYUDA?
Betty López, educadora del Instituto Nicaragüense Promoción Humana (Inphru), en Ocotal, comenta que la emigración de niños lustradores, procedentes de Jalapa, obedece a la crítica situación económica que enfrenta ese municipio. Según López, hasta la fecha el Inphru no los atiende por la falta de recursos económicos, pese a que los menores les demandan ayuda. Aunque reconoce que la situación es preocupante, “porque ellos andan en situación de riesgo, ya que ni siquiera tienen dónde dormir, pues sólo cuentan con su caja de lustrar y cartones para acostarse”. Otra de las preocupaciones se centra en el incremento de la mano de obra infantil en Ocotal. “Sólo en esta ciudad hay aproximadamente 800 menores trabajadores, cuyas ventas alcanzan en promedio los 40 córdobas diarios; y nosotros estimamos que esta cifra se puede duplicar”, detalla la educadora. Según la última encuesta del Ministerio del Trabajo (Mitrab), existen 314 mil niños trabajando en el país. La mayoría de ellos labora en zonas rurales y en el sector informal de la economía. Aparte de eso, Nicaragua cuenta con la tasa de mano de obra infantil más alta del istmo, con el 17.7 por ciento de la población económicamente activa integrada por niños menores de 14 años.
DESPUES DEL TRAJIN
Tras la jornada laboral los menores lustradores, procedentes de Jalapa, guardan 20 córdobas al día para la familia. Incluso de los 10 córdobas que destinan para su gasto diario, a veces ahorran el cinco por ciento.
Algunos aspiran a comprar en los próximos tres meses una bicicleta de segunda mano, para hacerle mandados a los lugareños y aumentar sus ingresos; otros prevén adquirir un par de zapatos marca “Dickies” de 180 córdobas y algunos un par de gallinas, para que sus familias se ayuden con su crianza.
En Ocotal una de sus diversiones favoritas, que no siempre repiten, es el boxeo de aficionados, que de vez en cuando se practica en la ciudad.
También apuestan al Pica Pollo, que consiste en tirar una moneda de un córdoba al suelo, que si cae a una cuarta de otra que yace en el piso, garantiza la victoria al apostador.
Javier Vallecillo, habitante de Ocotal, dice que esta es también una práctica de los lustradores ocotaleanos, quienes apuestan hasta 50 córdobas por día.
ALGUN FUNCIONARIO LOS ATIENDE MAL, DICE EL ALCALDE
Omar Vílchez, alcalde de Jalapa, dijo que la Comisión Municipal de la Niñez tiene programas dirigidos a los menores trabajadores, al ser entrevistado por LA PRENSA:
—¿Qué están haciendo ante la emigración infantil?
—Esa es una iniciativa de ellos. Pero nosotros tenemos condiciones. Claro está fallando alguna cosa y tenemos que revisar.
—¿Qué estaría fallando?
—Puede ser la atención. Algún funcionario no los está atendiendo bien pero nosotros tenemos un programa especial para ellos en la Comisión de la Niñez y la Adolescencia.
—¿En qué consiste?
—En darle condiciones, ropa, que estudien.
—¿Pero cuándo estará en marcha?
—En esta semana.