- La Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN)está escuchando los balidos de las ovejas pelibuey, un rubro con el que se pretende mejorar la economía de cinco comunidades, generalmente olvidadas de los planes gubernamentales
Gabriel Sánchez Campbell [email protected]
RAAN. ATLÁNTICO NORTE.— El momento más divertido de todos fue crucial. Una azarosa prueba de fuego que demostraría que si lo que habían aprendido les era útil: controlar la crianza de las ovejas pelibuey, de lo contrario se quedarían sin nada.
Tomasa Rodríguez no sabía que cuando corría cuesta arriba detrás de las ovejas, en compañía de sus vecinos, estaba enfrentando la primer experiencia en el mundo real con este nuevo proyecto.
Todo estaba en orden al salir del albergue de capacitación, hasta que los 55 animalitos que pasaban con dificultad el puente de tablas, se juntaron en pandilla al llegar al final y salieron en carrera sin control, cuesta arriba cuando todos los vecinos que los guiaban se quedaban atrás.
Nadie sabía para dónde iban. Y nadie sabía cómo reaccionar. Unos corrían pegando gritos buscando como atajarlos a la vez que las carcajadas contagiosas de doña Tomasa y otras mujeres no se dejaban esperar.
Pero como si tuvieran la pericia pastoril, hombres y mujeres acorralaron a las ovejas sin maltratarlas y una a una las subieron al camión rojo destartalado que las esperaba para llevarlas a Santa Rita, una de las 63 comunidades de Bilwi, la cabecera de la RAAN.
La travesía había empezado hacía escasos minutos cuando dejaron el albergue en medio del bosque de pinares, donde estuvieron durante cinco días, familias de las comunidades que conforman este proyecto piloto que les dejó a cada una sus nuevas adquisiciones: las ovejas pelibuey.
Las 130 familias de las cuatro comunidades: Auya Phini, Santa Rita, Kururia, La Tronquera, todas de las Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) aprendieron de Raúl Tobías, sobre los cuidos de las pelibuey.
Tobías, un técnico agrónomo que trabaja con organismos que dan apoyo a las comunidades, les enseñó a convivir con ellas. A educarles para que sepan que estos animales deben ser desparasitados cada tres meses, a construir los corrales donde estarán, a cuidarlas mientras están preñadas, cuando paren, a destetarlas, a alimentarlas, a matarlas, cortar la carne y castrarlas.
“Fue una muy bonita experiencia porque la gente aprendió rápido. En especial las mujeres, que mostraron destreza para castrar. Pero todos tienen capacidad para manejarlos”, comenta.
El punto es darles cinco ovejas hembras por familia. Un macho por cada dos familias para que en un año dupliquen su hato. Después ellos tendrán que devolver lo que se les dio para que estos animales pasen a otras familias y así el proyecto crezca. La idea será mantenerlo para que no fracase.
CONTRA LAS DROGAS
Según Hans Gatz, en representación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organismo que respalda la iniciativa, a este proyecto se le dará más apoyo porque es una oportunidad que también tienen los habitantes para prevenir el uso de drogas.
Comenta que la idea que tenían para estas comunidades es que sean un modelo de desarrollo económico sostenible y que en un futuro no muy lejano encuentren mejoría, ya que las condiciones de vida que tienen son muy malas.
Agrega la falta de apoyo que ha habido por parte del Gobierno Central, el BID decidió investigar porqué la Costa Atlántica no participaba en nada y que los programas que se desarrollaban no se mantenían.
Descubrieron que no hay estructura para la captación y direccionamiento de los recursos de forma adecuada, por lo cual se analizó elaborar una programa dirigido especialmente para la Costa Atlántica, y se enfatizó en el fortalecimiento de la institucionalidad, ya que la estructura política de la región era diferente a los demás municipios del país, y cuentan con los Gobiernos Regionales.
Esos programas requerían atención de los Gobiernos regionales más una atención de los gobiernos locales a los municipios y atenciones específicas a las comunidades para que se captaran bien los recursos y que de ellas salgan las decisiones y el apropiamiento de la sostenibilidad de las acciones y que de esa manera los recursos no sean malversados.
Por eso es que antes de concretar la donación para el proyecto de las ovejas, confirmaron que las cinco comunidades organizaran mejor al Consejo de Ancianos, para que éstos sean capaces de articular mejor las necesidades de la comunidad y que así se puedan llevar propuestas concretas para que esta gente salga adelante.
“Todo se vinculó a través del Programa de Prevención del Uso de Drogas de la Costa Atlántica que nosotros llamamos el PPUD, para que generando fuentes de empleos o actividades económicas la gente deje de estar ociosa y se aleje de las drogas”, expresó.
PARA SALIR ADELANTE
Según Munistro Santiago, del Consejo de Ancianos de la comunidad de Kururia, esta es una buena oportunidad para salir adelante. Esperan tener apoyo para mantener el programa, pero además de estar apoyando este tipo de actividades lo que se debería hacer es buscar cómo el Gobierno Central se acuerde que en esos lugares la gente también tiene necesidades de salud.
“Este proyecto esperamos resuelva en parte nuestros problemas económicos, pero sabemos que los de carácter social también nos sean atendidos. A veces no tenemos ni para una pastilla en toda la comunidad y tenemos que caminar decenas de kilómetros para tenerla y por eso hay gente que se nos ha muerto”, manifestó.
Hurtado García, el coordinador del Gobierno de la RAAN, expresó que es por falta de recursos económicos que las comunidades se han descuidado, pero que por eso piden una vez más a las autoridades de salud, educación, transporte e infraestructura, la Asamblea Nacional y al mismo Presidente que recuerden que estos lugares del país tienen muchas necesidades.
LOS ORÍGENES DEL PROYECTO
El proyecto de la crianza de ovejas pelibuey fue una idea que nació en cinco comunidades mískitas y que el Banco Interamericano de Desarrollo, (BID) auspició para que pudieran tener una mejor oportunidad de vida, ya que la mayoría de la gente comunitaria es sumamente pobre.
Los pobladores consideran que su pobreza se acentuó después que la dictadura de Somoza se vino al suelo en 1979, ya que muchos de ellos recuerdan que en los años setenta la cosas eran diferentes.
“Teníamos para comprar algunas cosas y ahora ni siquiera para el ganado. Por eso es que vemos en la crianza de ovejas una alternativa para alimentarnos mejor, tener dinero más adelante y criar nuestro propio ganado”, expresa Fernando Clarens, miembro del Consejo de Ancianos de la comunidad de Kururia.
“Pero nos dejaron olvidados”, agrega y cuenta que son gente que no tienen dinero para comprar nada. Su economía depende de la siembra de granos básicos, en pocas cantidades. Parte de la cosecha que tienen es guardada para acumular semilla para la siembra del próximo año. El resto la dejan para el consumo familiar y una mínima parte para la venta o el cambio de productos.
Así como en el tiempo de la colonia cuando los pagos se hacían con especies, estas comunidades compran y pagan lo que quieren con los productos que cultivan. Por ejemplo si quieren aceite, lo cambian por yuca, o ropa por frijoles.
La otra forma de subsistir es caminando a los centros urbanos como Waspam o Puerto Cabezas, separados por cientos de kilómetros en caminos patéticos que tienen hoyos gigantes cada cinco metros. Cuando llegan buscan a los comerciantes locales para venderles sus productos pero a precios sumamente bajos.
O bien los comerciantes de Managua llegan hasta sus comunidades, les ofrecen comprar lo que cosechan, pero siempre a precios bajísimos, por ejemplo un quintal de frijol es bien pagado a 200 córdobas, cuando en Managua se vende en 350 córdobas.
Y así nunca les queda dinero para nada, por eso es que Tobías comenta que este proyecto en el término de unos dos años podría estarles cambiando un poco la forma o estilo de vida a la gente.
VISITA ALEMANA
Robert Grassmann, representante para Centroamérica y el Caribe, del organismo Agro Acción Alemana y Wolfgang Oberreit, director Regional del Servicio Alemán de Cooperación Social-Técnica (DED) visitaron la comunidad de Auya Phini, Waspam y Kururia, ubicadas en el Atlántico Norte y expresaron su interés de apoyar más de cerca el trabajo que se está desarrollando en ellas.
“Creemos que es una interesante forma de seguir apoyando para el desarrollo de estas comunidades. Vemos que tienen muchas necesidades y que la forma como están trabajando es articulada, así que podríamos destinar algunos fondos para apoyarles”, expresó Grassmann.
Aunque todavía no hay nada concreto en materia de cooperación, estos alemanes querían conocer de primera mano cuál era la verdadera situación que tienen las comunidades enteras y ahora esperan que sus superiores den el aval para apoyarlos.
Ambas instituciones se han destacado en el mundo entero por la lucha contra la pobreza.