Aquí es donde se fabrican los féretros para los que fallecen en extrema pobreza. Los ataúdes se regalan. (LA PRENSA/ M. M. González)

Crean funeraria comunitaria para enfrentar crisis

Un grupo de ciudadanos de Yalagüina, encontraron la forma de ayudar a sepultar a los muertos pobres Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/ [email protected] Morir resulta caro en este país, pero en Yalagüina, uno de los municipios más pobre, la situación es más grave. Los familiares recurren a su alcalde, Uriel Arnoldo Tercero, para que les ayude, pero […]

  • Un grupo de ciudadanos de Yalagüina, encontraron la forma de ayudar a sepultar a los muertos pobres

Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/ [email protected]

Morir resulta caro en este país, pero en Yalagüina, uno de los municipios más pobre, la situación es más grave. Los familiares recurren a su alcalde, Uriel Arnoldo Tercero, para que les ayude, pero éste se declara en quiebra.

Eso fue lo que le pasó al alcaldito de El Trapichito, Pedro López, a quien se le murió su hermana y con todo y vergüenza bajó al pueblo a solicitarle una bolsa de cemento al alcalde de Yalagüina. La respuesta de Tercero fue: “Para eso no hay dinero”.

Pero esto está cambiando. Un grupo de ciudadanos, encabezados por Maudiel Hernández, decidieron crear una funeraria comunitaria. Apoyados con fondos de la Asamblea Nacional, a través de la diputación sandinista, han entregado ya varias cajas en forma gratuita.

Para Juan Tercero, uno de los integrantes del proyecto de la funeraria comunitaria, morirse es caro en tiempos de crisis y desempleo. “Sólo la caja mortuoria, por barata que sea, cuesta mil 500 córdobas”, señala.

COSTOS DEL MORIRSE

“La gente no tiene dinero para enterrar a sus muertos. El servicio funerario en un pueblito como Yalagüina, además de los mil 500 córdobas de la caja, se invierten 150 en mano de obra para cavar el hoyo, 260 córdobas en las lozetas, 240 córdobas los bloques, más la arena y el transporte, sin incluir la comida, el café y el pan del velorio”, cuenta Reynaldo Aguirre González.

La funeraria comunitaria surge de la necesidad de atender las demandas de los fami-liares de los difuntos, que a la hora que tienen el muerto en casa no encuentran en qué enterrarlo.

Hernández dice que la funeraria es un gesto de solidaridad para los familiares de los deudos. Aunque para Aguirre González asegura que debería ser preocupación del alcalde Tercero, ayudar a sus ciudadanos. “Pero hasta a sus alcalditos los ha dejado solo y nosotros les hemos dado respuesta porque él no ayuda en nada”, afirmó.

Los primeros en usar el servicio comunitario de la fune-raria, fueron los familiares de Anselma Córdoba, fallecida en San Ramón, y los últimos beneficiados fueron los deudos de Ruperto Pérez, de Salamasí. “No vemos color político, porque cuando alguien se muere se va sin partido”, afirma Hernández.

DIFICULTADES

Maudiel Hernández tiene su taller de carpintería en la comunidad La Esperanza. Comenzó con 40 tablas y, a la fecha, se le han agotado para seguir prestando el servicio. “Tenemos que conseguir recursos y hacer actividades para que se mantenga la funeraria comunitaria”, expresó.

Lo más difícil para hacer un ataúd, son los cortes. “Aprendí a hacer la tumbilla, o sea, la fachada de vidrio, lleva visagras y manecillas, para cada caja se necesita de tres tablas y cuatro horas de trabajo, además de un torno y sierra para cortar la madera, hacer los bolillos y agarraderos”, afirma Hernández quien ya entrena a sus hijos para sigan el proyecto si él se muere.

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