- Padecen de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial, epilepsia, artritis, problemas cardíacos, trastornos mentales y asma bronquial, carecen de medicamentos y muchos necesitan exámenes especializados, pero están en la indefensión y no tienen quién hable por ellos. Los de mayor gravedad dicen esperar la muerte entre las rejas. “Desgraciadamente la cárcel es para los pobres”, advierte uno de los reclusos
Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL/[email protected]
La lentitud exasperante de la justicia, aislamiento de la sociedad, desarraigo de sus familias, el sentimiento de soledad y las pésimas condiciones carcelarias, sobre todo la falta de alimentación adecuada y del abastecimiento de los medicamentos más elementales, son factores decepcionantes para los 600 reclusos, que guardan prisión en el Sistema Penitenciario Regional Puertas de la Esperanza, situado en la ciudad de Estelí, donde el obispo Abelardo Mata, funge como presidente de la Comisión Propenitenciaría.
Cada interno tiene su propia historia. Ramón Zeledón Rivera, de 58 años, afirma que “los padecimientos de Arnoldo Alemán (ex presidente de la República) y de Byron Jerez, (ex director general de Ingresos) son una minucia en comparación con lo que tengo yo”.
“Yo padezco de diabetes, hipertensión arterial, problemas en el corazón, mareos, desmayos y un montón de males… yo estoy esperando nada más la muerte, que puede ser en cuestiones de minutos, horas o quizás días”, se lamenta Zeledón Rivera.
El interno se acuclilla en el piso y con su dedo índice se señala los pies reventados por los problemas de la diabetes. Por su debilidad en las piernas se incorpora rápidamente y muestra una cicatriz en la ceja, que según él, fue producto de una herida al caerse en la celda, por motivos de la hipertensión arterial.
Zeledón Rivera, está condenado a cinco años con seis meses de prisión por el delito de falsificación de moneda nacional. “Todos los implicados salieron libres y sólo yo quedé preso, simplemente porque soy pobre y analfabeta, apenas pongo mi firma, si yo tuviera dinero qué tiempo estuviera en libertad”, refiere.
“Ya tengo 20 meses de estar preso y yo le aseguro que en mi casa me curaría mejor, porque necesito una dieta para mi enfermedad, pero desgraciadamente la cárcel es para los pobres”, asegura.
El único que confiesa que vivir en la cárcel le llena de felicidad, es Raymundo Marcial Viscay Herrera, un enfermo mental de 45 años, que el pasado 18 de agosto decapitó al anciano Pablo González Vargas, en la comunidad El Rodeo Número Uno, municipio de Somoto. “Yo aquí estoy lleno de felicidad”, dice Viscay Herrera, un demente encarcelado por el Juez de lo Penal de Madriz, Sabino Hernández, aunque ante la ley sea inimputable.
AGOBIADOS POR RETARDACIÓN DE JUSTICIA
A los reclusos les agobia la retardación de la justicia y les tortura estar en prisión por “delitos insignificantes”. Félix Pedro Ríos Martínez, de 43 años, tiene 13 meses de estar detenido por cuatro onzas de marihuana y a la fecha las autoridades judiciales no le han dictado sentencia.
A Ríos Martínez le duele mucho que a traficantes internacionales, capturados con varios kilos de cocaína, los hayan puesto en libertad, mientras que a su persona por un “puchito” de marihuana lo mantengan en prisión y para colmo sin dictarle sentencia.
“Yo no era traficante o expendedor, el puchito que me agarraron era para mi consumo. Yo no merezco estar en prisión, creo que tengo el derecho de que me den una oportunidad, caí en un error que cualquier ser humano lo comete, pero merezco una oportunidad”, reitera Ríos Martínez, un ebanista de carrera.
Félix Pedro, conocido como “El Chino” está a cargo del taller de carpintería de Puertas de la Esperanza, teniendo bajo su mando a 10 reos más, que fabrican chineros, puertas, cómodas, comedores y muebles de todo tipo.
CHARNELEADO SUFRE FUERTES DOLORES
Los problemas de la inmensa mayoría de las personas que se encuentran en la cárcel, es la pobreza y marginación. A José Santos Espinoza Martínez, de 29 años, hace más de un año le pidieron que se practicara un encefalograma en un centro asistencial privado, para determinar las causas de fuertes dolores de cabeza.
“Nunca me pude realizar el encefalograma porque soy pobre y mi familia me marginó, se han olvidado de mí, además mis familiares viven muy lejos en Wiwilí de Nueva Segovia, entonces siempre continúo con los dolores de cabeza”, explica Espinoza.
El reo achaca su malestar a una esquirla de proyectil que recibió en el conflicto bélico de la década de los 80s, ya que según él, combatió al lado de las fuerzas del gobierno sandinista.
Espinoza Martínez, fue apresado por unos cuantos gramos de marihuana, tiene de estar en la cárcel 28 meses y está condenado a cinco años, lo que le causa mucha preocupación por su malestar en la cabeza, sin contar con el tratamiento debido, al carecer de un diagnóstico científico.
La vida en la cárcel conlleva penalidades sobreañadidas a la privación de libertad. La prisión produce consecuencias negativas, a veces traumáticas, sobre la vida personal, familiar y social de la persona que la sufre. Natividad Díaz Hernández, de 41 años, ha pasado casi la mitad de su vida en la cárcel. Su delito: violación sexual. Pena: 30 años.
El encerramiento y el abandono por completo de sus familiares, lo vuelven incoherente en el planteamiento de sus ideas. Ni siquiera recuerda, cuándo fue la última vez que le visitaron. Solamente atina decir que residía en la comunidad de Santa Clara, municipio de San Fernando, en el borde fronterizo con Honduras.
Quizás sea el interno más humilde del Sistema Penitenciario, que comúnmente se dedica a realizar labores de limpieza en las áreas productivas. Son 17 años de guardar prisión y le faltan 13 para completar la pena máxima de 30. Es uno de los internos más antiguos, es testigo de “reos que van y reos que vienen”.
Ante la falta de palabras para expresar sus ansias de libertad, no le queda más que levantarse la camisa y enseñar la cicatriz de la operación de una hernia. Fácilmente se puede descifrar en su mirada, que nos quiere decir: “He aguantado más de lo que jamás pensé que aguantaría, he desbordado absolutamente todos los límites de mi capacidad, y sigo como el primer día, en el punto de partida. Y sigo existiendo, por lo que ya no sé de dónde sacar fuerzas para resistir, y sin embargo continúo”.
VIOLACIÓN A LOS DERECHOS HUMANOS
El licenciado Roberto Petray, funcionario de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), asegura que la retardación de la justicia, el abandono de los reos y los problemas de alimentación y de medicamentos, violenta los derechos humanos de los reclusos.
Petray, dio a conocer que durante este año, mediante la gestión de la ANPDH, 35 reos han sido puestos en libertad logrando beneficios legales como liquidación de penas, libertad y condena condicional.
El promotor de los derechos humanos, pidió a los diputados de la Asamblea Nacional, la inclusión en la próxima Ley de Presupuesto General de la República, una partida suficiente para la compra de medicamentos de la población penal del país, porque independientemente que hayan cometido delitos, los reos son personas que tienen derecho a la salud.
ENFERMOS CRÓNICOS
La doctora Rosa Ángeles Castillo, responsable del Puesto Médico de Puertas de la Esperanza, señala que en este centro penal existen 60 internos que padecen de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial, epilepsia, artritis, problemas cardíacos, trastornos mentales y asma bronquial.
“Ahorita estamos sobreviviendo gracias a la ayuda del Silais (Sistema Local de Atención Integral a la Salud), de Estelí y del Centro de Salud Leonel Rugama, que nos proporciona el tratamiento para pacientes crónicos, y algunos organismos no gubernamentales, así como las iglesias que en ocasiones donan algunos medicamentos”, indica la médico.
“El principal problema para la compra de medicamentos, es porque no hay un presupuesto”, reconoció el comandante Alejandro Pérez Téllez, jefe del Sistema Penitenciario Regional Puertas de la Esperanza.
El comandante Pérez Téllez, asegura que en concepto de alimentación reciben 6.67 córdobas diarios por cada recluso, lo que significa 2.22 córdobas por plato de comida. “Lo que nosotros tratamos de garantizar son los tres tiempos de comida, pero se nos presenta un problema, cuando la población penal supera los 600 reos”, advierte.
“Nuestro techo es de 600 reos, pero a veces hemos llegado a tener hasta 630 internos y lógicamente esto afecta la alimentación, porque además de que ésta es reducida, se limita más, porque tenemos que darle de comer a más gente”, señala.
SE CONDENA LA POBREZA
Hace 200 años cuando surgieron las primeras cárceles para sustituir los crueles castigos de la Edad Media, en una celda apareció escrita, esta sencilla cuarteta: “En este sitio maldito / donde reina la tristeza, / no se condena el delito, / se condena la pobreza”. Lo narrado hasta ahora parece confirmar los dos últimos versos del cuarteto.
SITUACIÓN PENAL
600 reos purgan penas en La Chácara.
60 son enfermos crónicos.
27 en retardación de justicia.
6.67 córdobas reciben para alimentación diaria de cada reo.