- Este neosegoviano abandonó el trabajo de campo por su afición hacia las guitarras y para fabricarlas no necesitó ir a una escuela. Siendo chavalo con inteligencia logró armar una guitarra, ahora confecciona guitarrones, vihuela, requinto y mandolinas
Alina Lorío L.CORRESPONSAL/ [email protected]
Rufino Zavala Téllez, a sus 43 años, es el único en Nueva Segovia que se dedica a tiempo completo a fabricar instrumentos de cuerda, con especialidad en las guitarras, pero con la habilidad y el arte en sus manos además confecciona guitarrones, vihuela, requinto y mandolinas.
Don Rufino vivía en un caserío fuera del pueblo de Jalapa en 1981, trabajando al igual que la mayoría en el campo sembrando y cosechando granos básicos.
Un día de tantos —dice él— le nació la inquietud de hacer una guitarra y lo que tenía a mano era una valija de madera de cedro que sus propias manos habían fabricado.
“Yo le dije a mi mamá, esta valija que tengo aquí no me sirve de nada, voy a hacer una guitarra de esta valija”, recuerda don Rufino. Su mamá lo sorprendió contestándole con una frase que —según él— la recuerda como si fuera ayer: “Qué pensás vos, que hacer una guitarra es para cualquiera”.
Pero la frase de su mamá no lo amilanó y con toda seguridad le contestó: “Yo no sé si hacer una guitarra no es para cualquiera, pero yo voy a hacer una guitarra de esta valija”. Pudo más su pasión por la música de cuerdas. No era para menos, a los once años de edad aprendió a entonar una guitarra.
Decididamente quitó la tapadera de la valija y empezó a “adelgazarla”, a darle forma a la pieza con un machete, refirió don Rufino y cuando tenía las piezas listas pasó un amigo con una guitarra, la entonó, comprobó que era buena guitarra y la utilizó de molde. En 10 días ya tenía su primera guitarra hecha, después una segunda… pero seguía trabajando en labores de campo.
“TODO A SU TIEMPO”
Rufino es de la opinión que “todo a su tiempo”, porque aprendió a fabricar guitarras y no le puso mucha importancia, pero fue hasta en los años 80 en Honduras —en donde tuvo que refugiarse en tiempos de la guerra— que retoma su habilidad para sobrevivir.
Llegando a Honduras su primer trabajo fue en un aserrío, después en labores del campo como peón desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde con un sueldo demasiado bajo. “Era muy duro y tuve que buscar otra alternativa”, manifestó.
Ahí tuvo que ponerle mente a las guitarras. “Sabiendo yo un oficio, sabiendo algo con lo que me puedo defender sin estarle dando mi sudor a otro, no podía desaprovechar la oportunidad”, expresó.
Procedió a fabricar él mismo un cepillo de madera y un serrucho para hacer su primera guitarra en Honduras.
Como todo profeta en otras tierras, en la localidad de Teopacente la novedad corrió “mejor que si hubiera puesto publicidad en la televisión o la radio por que ya todos sabían que fabricaba guitarras y me llenaron la casa de guitarras para repararlas y encargar guitarras nuevas”, rememoró.
UN AUTODIDACTA
Don Rufino Zavala Téllez, considera que hasta hoy su trabajo guitarrista es muy apetecido por la gente, porque “donde va una guitarra de las que yo hago aquí, es seguro que tengo otra de encargo porque la gente las mira buenas, con buen sonido y de calidad”.
Recuerda que empezó a hacer guitarras por media docena, docena, por unidad e incluso señala que una brigada norteamericana le compró cuatro docenas y ahí empezó a mejorar sus herramientas.
No se quedó sólo con las guitarras, después le nació la idea de fabricar otro tipo de instrumentos de cuerda como guitarrones, vihuela, guitarrones, requinto y mandolinas, muy económicos en el gasto de madera.
Nunca recibió cursos, ni clases, todo ha sido superación personal, autopreparación, insistió.
Lamentó que hasta el momento nunca haya tenido institución alguna que lo respalde o por lo menos que haya tomado importancia a la fabricación de instrumentos de cuerda. “Ya quisiéramos nosotros que existiera un organismo que apoyara estas artesanías”, clamó.
Es su única fuente de ingreso, porque esporádicamente fabrica muebles de sala y camas cuando se lo encargan. Desde 1986 olvidó para siempre la agricultura.
Cuando trabajaba artesanalmente, don Rufino Zavala tardaba hasta seis días para fabricar una guitarra. Ahora con las herramientas necesarias en esta actividad, se lleva tres días para entregársela nuevecita al cliente.
Actualmente comercializa los instrumentos desde su casa y mucha gente llega a comprarle de Honduras, Managua y Ocotal.
La diferencia en los costos depende del material, sobre todo la pintura y artefactos que las hacen más durables.
¿Y EL SONIDO?
Hasta la más barata suena muy bien, dijo en tono seguro.
“Una guitarra puede ser muy bonita, bien acabada, pero si no tiene bien hecha esa parte se la van a rechazar las personas que conocen de calidad”.
Los instrumentos de cuerda fabricados por don Rufino Zavala tienen en su interior un sello donde se lee: “Fabrica de guitarras La Norteña, 7323018”.
PRECIOS
1,000 y hasta 2,000 córdobas cuesta una guitarra.
1,500 córdobas es el precio estándar.
2,000 es el valor de un guitarrón.
900 córdobas vale una vihuela.
¡EL SECRETO!
El secreto de la guitarra está en su forma, porque si no tiene una buena formación, una medida exacta entre el diapasón y el soporte, incluyendo los trastes, ese instrumento nunca sonará bien, pero además en su pintura, porque hay pinturas que ensordecen la guitarra y otras la afinan, explicó don Rufino Zavala Téllez.