Rosa de Jesús Urbina Soto
A propósito del Editorial de LA PRENSA del 5 de agosto (La marcha sobre Managua), en el que se dice que “la Reforma Agraria sandinista fue una farsa, pues si hubiera sido real ahora ningún campesino tendría necesidad de marchar…”, quiero decir que muchas de estas familias fueron beneficiadas con la reforma agraria sandinista pero en su mayoría recibieron unas 50 manzanas.
Los hijos e hijas de estas familias ahora son mayores, formaron sus núcleos familiares y demandan su propio pedazo de tierra. En este caso el Estado no está obligado a reformar la tenencia de la tierra para beneficiar al que demanda periódicamente. Que la compren si pueden, ¿no? Ese es otro asunto.
Por otro lado, a falta de financiamiento muchos beneficiados con la reforma agraria sandinista vendieron su pedazo de tierra a precio de “guate mojado”, a terratenientes y se convirtieron en peones de los mismos. Además hubo un sector de beneficiados que no necesitaban un pedazo de tierra para sobrevivir, pero que vieron la oportunidad para enriquecerse vendiendo la propiedad otorgada, invadiendo nuevas tierras, beneficiándose nuevamente y volviendo a vender, y así sucesivamente. Este fenómeno lo podemos comparar con el que se da en los cinturones de pobreza de la capital.
Conozco la zona (rural de Matagalpa) y sé que la marcha de la gente a Managua es un problema social, cultural, o como se llame, pero no político. Que lo quieran manipular es otra cosa, pero el problema está ahí, palpable, real.