Enrique Padilla Santos
Enrique IV de Francia abjuró del calvinismo, en 1593, exclamando: “París bien vale una misa”, y la ciudad que era acérrima defensora del catolicismo le abrió sus puertas, con lo que los enfrentamientos religiosos desaparecieron definitivamente en suelo francés. “Managua bien vale una súplica de perdón”, le abriría sus puertas a don Daniel y con ello desaparecerían definitivamente los enfrentamientos religiosos y ojalá también la lucha de clases en Nicaragua.
La exclamación y el lamento de don Daniel, el 19 de julio en la Plaza de la Fe, fue un compromiso muy grande. Si así lo fuere la Iglesia y la Patria lo premien y si no que lo demanden.