Keilly Solórzano, montando a “Juguetón”.

Mujeres de riendas tomar

En un mundo dominado por hombres, las mujeres se preparan para tomar el mando. En la única escuela de equitación de Nicaragua, el 90 por ciento de alumnos son mujeres. Mientras ellas aprenden el arte de montar, otras más avanzadas incursionan en la cría de caballos, una actividad que se maneja entre el negocio y […]

En un mundo dominado por hombres, las mujeres se preparan para tomar el mando. En la única escuela de equitación de Nicaragua, el 90 por ciento de alumnos son mujeres. Mientras ellas aprenden el arte de montar, otras más avanzadas incursionan en la cría de caballos, una actividad que se maneja entre el negocio y la pasión.

Tuvo muchas caídas. Pero cada vez que caía al suelo, se levantaba con más determinación de aprender a montar. Mayra del Carmen tiene ahora 27 años y es un ejemplo de superación y disciplina en la única escuela de equitación en Nicaragua.

Empezó a montar desde niña y tiene experiencia en doma clásica y salto. Considera que tiene suerte porque no ha sufrido fracturas por las caídas, las cuales son algo normal en todo jinete que practica salto.

Todas las tardes llega a Aras de Albanta, la escuela de equitación dirigida por Lorena Mántica. Ahí mantiene a su caballo “Sultán”. Lo saca de la escuadra, lo cepilla, le limpia los cascos, lo ensilla y empieza a vivir con él, la mejor parte de su día. “Siento que me relaja, a veces me da una sensación de libertad, de gozo”, cuenta.

A veces siente que la hora se le va en segundos y al despedirse de Sultán, le da el dulce de rapadura que siempre le lleva.

A esta escuela de equitación, la única en Nicaragua y dirigida por una mujer: Lorena Mántica, acuden niños y adultos con deseos de aprender a montar. El promedio de estudiantes está entre 40 y 60, de los cuales el 90 por ciento son niñas.

¿Cómo aprender?

Mántica indica que aprender a montar toma entre un par de meses o un año. Para recibir las clases necesita jeans, camisa y botas. Los accesorios del caballo los brinda la escuela y entre las primeras enseñanzas está la posición del cuerpo, balance, cómo ensillar el caballo, cómo bañarlo, limpiarlo, desensillarlo y manejarlo.

Las clases son teóricas, prácticas y audiovisuales. Se trabaja la doma clásica, el salto de obstáculo y sicología del caballo.

En las clases de sicología del caballo enseñan qué es lo primero que hace cuando nace, cómo se comunican, cómo saber si tiene miedo y por qué, cuáles son sus costumbres, cómo ve, cómo huele, como percibe las cosas, cómo conseguir que el caballo te quiera, etc.

Hay tres programas de estudio: una vez por semana, dos veces por semana y de lunes a viernes con un costo de 50, 100 y 150 dólares mensuales, respectivamente. También hay programas de verano que incluye los meses de junio, julio y agosto.

Beneficios

La equitación ayuda a mejorar la condición física y sicológica del jinete, trabaja la coordinación motora en los niños y el balance, entre otros beneficios, asegura Mántica.

“Te forma como persona, te hace más fuerte de carácter, más segura de vos misma. Es un deporte lo suficientemente fuerte para poner en forma a cualquier persona”, señala.

Montadas

Son cada vez más las mujeres que se dedican a montar caballos en sus diferentes ramas: doma clásica, salto, carrera con barriles, riendas largas e hipismo.

Una de ellas es Raquel Monterrey, de 17 años, quien monta desde los diez y ha participado en tres competencias a nivel nacional. En Expica ganó el premio al Gran Campeón de la Raza Española en competencia de caballo español bajo silla, evaluado por jueces españoles.

Monterrey y Carmen Cecilia Etien son las únicas mujeres que han participado en esta competencia donde solamente habían concursado hombres. Las mujeres incursionaron en 1994.

Describe que el juez manda a la jinete a hacer los pases que desea y ésta debe saber cómo hacerlo, califican su disciplina, cómo monta, y su trabajo de equipo con el animal.

Monterrey practica dos horas diarias, tres veces por semana. Cuenta con algunas caídas y una fractura en un brazo.

María Elena Solórzano de 17 años, empezó a montar desde los tres y practica doma clásica, carrera con barriles y riendas largas. En Expica 1999 ganó el primer lugar en carrera de barriles.

Keilly Solórzano, tiene trece años y ya lleva diez montando. Cuenta que éstos se deben entrenar cuando tienen tres años de edad durante dos o tres horas diarias.

“Un caballo viejo no tiene la misma capacidad de aprendizaje que uno tierno, cuesta más. Si el aprendizaje es constante, aprende en un año, mientras que un caballo viejo puede llevarse hasta dos años”, interrumpe su hermana María Elena.

Agrega que cualquier caballo puede aprender, no hay necesidad que sea de raza. Pero considera que el Ibero es indicado para carreras con barriles y equitación en salto porque es un animal con bastante energía, alegre, activo, rápido, ligero, mientras que el español es ideal para doma clásica.

Relación de amigos

Raquel Monterrey lleva cuatro años montando a “Altanero”. Es la única que lo monta y al cargar en su lomo a otra persona, este caballo no trabaja igual. “Ya está acostumbrado a mí, a como soy yo, practico y hago tantas cosas con él, es como tener un amigo… Yo le doy besitos, lo enamoro, le hablo y antes de montarlo le sobo cerca de la nariz”.

Keilly Solórzano trabaja con una yegua llamada “Consentida” y actualmente la está extrañando pues está preñada y no puede montarla.

“Amed”, es un caballo español con mucha escuela, y tiene la suerte de ser el consentido de Martha Lucía Cordón. Cuenta que antes de su embarazo, lo montaba diario y aunque una orden de pierna y mano va acompañada con una voz, “llega un momento en que sólo le hablaba”. “Amed” es el regalo de promoción de bachillerato de Martha Lucía y la relación entre ellos llegó a ser tan especial que ella “podía hacerle cualquier zanganada sin que él se molestara”.

La mujer y el caballo

¿En qué se parecen una mujer y un caballo? Parece el típico inicio de un chiste machista. Pero no lo es. El caballo se parece a la mujer. “En realidad es un animal extremadamente sensible que funciona un poco como funcionamos las mujeres, son intuitivos”. Así lo asegura Lorena Mántica, directora de la única escuela de equitación en Nicaragua, quien ha dedicado gran parte de su vida a los caballos y es todo un icono en la equitación en este país.

María Elena Solórzano, de 17 años y con mucha experiencia montando caballos en distintas modalidades, indica que “el caballo es un animal tan sensible que uno es capaz de transmitirles miedo y también confianza”.

Sin embargo, dedicarse a los caballos “es bastante complicado para cualquier mujer porque trabajas entre los ‘caballericeros’, es un ambiente de hombres, vivís en un mundo donde se mueven más los hombres que las mujeres”, señala Mántica.

Aún así, las mujeres están cada vez más presentes en el mundo de los caballos. Como criadoras, como aficionadas a la equitación y como montadoras.

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