Martha Lucía Cordón en una de las caballerizas.

Martha Lucía y su amor por los caballos

Se acerca a la caballeriza y los caballos se inquietan. Seguramente reconocen el olor y la voz de Martha Lucía Cordón. Se acerca a la caballeriza y saca a “Amed”, su consentido. Con mucha nostalgia le acaricia la cara, el pelaje, la trompa, las ancas, la cola, prácticamente todo. Tiene siete meses de embarazo y […]

Se acerca a la caballeriza y los caballos se inquietan. Seguramente reconocen el olor y la voz de Martha Lucía Cordón. Se acerca a la caballeriza y saca a “Amed”, su consentido. Con mucha nostalgia le acaricia la cara, el pelaje, la trompa, las ancas, la cola, prácticamente todo.

Tiene siete meses de embarazo y cinco de no montar. La añoranza por entrenar y montar caballos la hace pensar que un parto adelantado es una posibilidad de estar pronto entre estos animales. “Pero en diciembre ya estoy montando de nuevo”, se consuela.

A pesar de su estado, posó junto a sus caballos para “NOSOTRAS” y cuando el encargado de las caballerizas montó a su consentido, le pidió que por favor no lo hiciera más delante de ella, “porque me muero de la envidia”.

Mientras todas las jovencitas sueñan con su fiesta de quinceaños, esta muchacha prefirió un caballo. Sus regalos de bachillerato y otras ocasiones especiales, tampoco vinieron en paquetes cuadrados y papel celofán.

Creció entre ellos, los monta desde los ocho años y desde hace seis se dedica a la crianza en las razas español, ibero y criollos. A sus 23 años, esta eterna novia de los hípicos, sabe mucho de estos animales.

Ella es una de las pocas mujeres que se dedican a la crianza de caballos y entre sus metas está mejorar la raza criolla mezclándolos con caballos españoles puros”, cuenta.

Cuenta que la crianza implica —además de tener buenas yeguas y muy buenos padrotes— mucha paciencia, dedicación y amor a los animales. “Criar caballos es duro tanto en gasto como en la dedicación… La crianza empieza desde que buscas el padrote, luego amansarlo, montarlo y enseñarle todo lo que le podas enseñar”.

“Se requiere mucho esmero, estar pendiente de la comida, que el zacate esté bien, que no falle el agua; si el caballo está caliente, esperar que se enfríe para poderlo bañar; que las calzas estén bien puestas, que el piso de la caballeriza esté limpio para que no agarre hongos, vitaminas, desparasitantes… es como tener un bebé”.

Todos los días se les debe dar entrenamiento que incluye torno, calentamiento, y la rutina diaria del caballo según la escuela que tenga. La escuela consiste en todos los pases que un caballo pueda realizar y enseñarlos es difícil, es un proceso largo, detalla.

Sin embargo ha combinado la crianza de caballos con sus últimos años de universidad y con ser mamá. “Es algo que si sabes organizar tu tiempo, podés hacer otras cosas”, dice.

Todo ello es una inversión que brinda excelentes resultados cuando el caballo es para negociar, ya que tan sólo con que un padrote preñe a una hembra se puede ganar hasta los mil dólares, según Cordón. Pero “en mi caso, no se les ve frutos porque no vendemos, se retribuye sólo en mi propio gozo y lo veo como una inversión y no como un gasto”, dice.

Uno de sus caballos españoles ha tenido reconocimiento a nivel centroamericano y un reconocimiento especial en la feria española. Aunque prefiere no hablar de un aproximado en inversión ni de costos, cuenta que sólo en la alimentación de cuatro caballos puede llegar a gastar siete mil córdobas quincenales, sin incluir calzas, veterinarios, caballerizas, etc. Y calcula que un caballo español con toda la escuela puede alcanzar un costo desde 20 mil dólares.

Los caballos de raza son utilizados por la familia para montar, para exhibir, mientras que los de campo se hacen para trabajar y son negociados y “no todo lo que sale es bueno, tenés que ir descartando, no podés vender un mal animal porque te das mala fama en el mercado”, explica.

Para ella criar es más difícil que montar porque a montar se aprende desde pequeño, mientras que en la crianza hay más riesgos, se requiere mayor paciencia, saber elegir las yeguas para parenderas y buenos padrotes.  

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