Gonzalo N. Salgado Soza
El señor Adolfo Delagneau Sanders era un octogenario ferretero digno de admirar e imitar. Daba gusto verlo atender eficientemente su ferretería, me sentía importante cuando llamaba la atención a sus empleados porque no me atendían rápido o no encontraban algún artículo, pero sobre todo me llenaba de orgullo ver que a su avanzada edad seguía trabajando y fortaleciendo un negocio que había hecho florecer con dedicación, sacrificio y empeño.
No es justo que después de tantos años de sacrificio, trabajo honesto, dedicación y entrega a un sueño se pierda la vida en un momento. Mientras algunos trabajan honestamente toda su vida para vivir con dignidad y gozar un retiro merecido, otros roban para vivir como reyes el resto de sus vidas.
Los asesinos de don Adolfo no son sólo los que lo golpearon y se llevaron el dinero producto de su trabajo, son los políticos que en su afán de poder no priorizan el desarrollo y generación de empleos; son los altos salarios de los funcionarios que han mandado a la calle a miles de desempleados; es la Policía Nacional que dice no tener recursos y despliega toda la institución para cuidar reos de saco y corbata, al Presidente o a políticos, a oficinas de transnacionales abusivas ante la protesta del pueblo o para resolver el crimen de un oficial de su institución.
Pero, ¿quién protege a la ciudadanía y sus bienes? ¿Quién previene y resuelve los casos de robo y homicidios a personas trabajadoras como don Adolfo?