Silvio Vega Noguera
Cuando escuché que Daniel Ortega pidió perdón a la Iglesia Católica por sus actos hostiles contra ésta en el período de gobierno del FSLN, me acordé de la Fábula del Sapo y el Alacrán.
“Después de una inundación debido a fuertes lluvias, un sapo y un alacrán quedaron en una isla que se formó en el medio de un río que había crecido tanto que se salió de su cauce. El alacrán quería volver a tierra firme y le pidió al sapo que por favor lo transportara, a lo que el sapo respondió que lo haría siempre que el alacrán no lo matara con su ponzoña venenosa. El alacrán le prometió no hacerlo, y el sapo, confiando en la palabra del alacrán, le dijo que subiera a su lomo y emprendió el traslado a la otra orilla. Pero cuando llegaron sanos y salvos el alacrán le clavó su ponzoña al sapo en el lomo. Al sentir el sapo que se iba a morir reclamó al alacrán, pues le había dado su palabra de no matarlo, y el alacrán le respondió: “¿Qué puedo hacer si esa es mi naturaleza?”