Cristóbal (Tito) Sequeira G.
Mucho se ha escrito últimamente sobre el doctor Noel Sacasa, cuya capacidad, inteligencia, corrección y honestidad son como el diamante del poema de Rubén Darío, que “ha de ser siempre diamante, por más que lo manche el cieno”.
Es difícil encontrar en Nicaragua personas mejores que el doctor Sacasa. Alguien afirmó que era incapaz e ineficaz. El doctor Sacasa asumió la Superintendencia de Bancos en noviembre de 1999. Dos meses después envió un interventor a un banco que tenía “las patas hinchadas” y menos de siete meses después quebraba otro. Las quiebras no se dieron porque él asumió la SIB. Los mafiosos tenían rato de estar “amarrando el tamal” y están dolidos porque cumplió con su deber y actuó como la complaciente SIB anterior no lo hizo por acción u omisión.
Otro afirmó que se comportó cual celoso Savonarola, innecesariamente severo contra bancos que eran rescatables. Total, si no enchuta pierde y si enchuta también pierde. Obviamente él no trabajó para complacer a nadie en particular; simplemente cumplió con su deber e hizo lo que tenía que hacer. Por más que traten de mancharlo, “no perderá ni un instante el valor que lo hace bueno”.