Qué alboroto el que se ha armado con la supuesta solicitud de perdón del F$LN y la supuesta aceptación de la Iglesia Católica. Lo que no entendemos es el porqué nos asustamos después de todo lo que hemos visto y vivido. Al fin de cuentas, ¿qué es una raya más para un tigre?… Por favor, no nos hagamos los de a peso. Sin embargo, independientemente de que haya un montón de enloquecidos rasgándose las vestiduras ante la normal anormalidad, ese no es el punto que queremos abordar. El punto es que un chimbo de sandinistas nos han enviado —de una forma muy respetuosa, muy civilizada— otro chimbo de reclamos cuyo común denominador es breve: ¡No es lo mismo sandinista que frentista!
Y nos dijeron que aunque callados, ellos —al igual que decenas de miles de callados de otras ideologías— ni han ni van a participar en ninguna de las piñatas, y que repudian todo acto reñido con la moral y el desgobierno. ¡Ej.! ¡Si hasta poetas nos salieron! Uno de ellos escribió: «El sandinismo está en los libros de Sergio / en la música de Carlos y Luis Enrique / en los poemas de Ernesto / en la vida de Carlos / y en la modestia de Henry. // Está en la honestidad de Fernando / en la entrega de Michelle / y en la dulzura de Toño. // Está en el encanto del Hombre Libre / la herencia de Augusto / pero más que nada / en la fascinación por la esperanza».
Y aunque no nos terminan de enganchar, les vamos a dar el beneficio de la duda y una aclaración. En el editorial de la semana pasada (que dedicamos a los desmanes y deudas del F$LN o frentismo) pusimos entre comillas una frase de una bella canción de Luis Enrique Mejía Godoy pero lo hicimos más por ejemplificar lo que nunca se hizo, que por inculpar a Carlos o a Luis Enrique. Sabido es que ellos no tomaban las decisiones militares, políticas, económicas o sociales. En lo que sí tienen culpa este par de rejodiditos es en ese canto permanente a Nicaragua, en ese martilleo constante para rescatar lo mejor de todos y todas las nicaragüenses, en esa paciencia para hacer y seguir haciendo música que pone el amor por encima de todo, en esa creatividad poética y ese difundir humano que, en otras circunstancias, sí nos habrían llevado a esos tan añorados «buenos días, sin mendigos en las calles».
Y nuestra invitación es que hagamos como ellos, como Luis Enrique y Carlos que le siguen cantando, día a día y sin cansancio, a Nicaragua. ¡A ver sandinistas! ¡A ver liberales, conservadores socialdemócratas, socialcristianos y socialistas de verdad! ¡A ver mujeres y hombres de buena fe!… ¡A expresarse se ha dicho! ¡Que se terminen los lamentos en los rincones! ¿Desde cuándo acá se esconden los Hijos del Maíz, cuando los escondidos debieran ser los hijos de los tamales? Si todo está por hacer, ¿qué hacen que no salen?… ¡¡El sol sólo alumbra cuando sale!!